La historia de la Feria de Muestras de Asturias es el fiel reflejo de la memoria viva de muchos personajes que, a lo largo de 82 años, creyeron en la prosperidad de esta región y apostaron por un proyecto innovador que, por carecer de antecedentes, chocó con numerosas e inmovilistas incomprensiones. Son personas con nombres y apellidos que dejaron su sello en diferentes etapas. Ahí están Luis Adaro y Magro, presidente de la Cámara de Comercio de Gijón en 1899 cuando se llevó adelante, con un éxito inusitado, la primera experiencia ferial importante de Asturias. Luego, tras un largo paréntesis, surgió la figura de Romualdo Alvargonzález Lanquine, presidente de la patronal gijonesa, que se empecinó en poner en marcha la Feria de Muestras Asturiana. Era el año 1924. Ahora, a principios del siglo XXI, se reciben los laureles de aquella iniciativa que tuvo su sede en el paseo de Begoña.
Cuando Romualdo Alvargonzález pone sobre la mesa la posibilidad de organizar la I Feria de Muestras Asturiana, hacía muy pocos meses que España estaba gobernada por el Directorio Militar presidido por Miguel Primo de Rivera. De hecho, esta primera etapa ferial coincidió, con más o menos dificultades, con el periodo de gobierno del general, hasta 1930. El 24 de enero de 1924 se recibe el permiso oficial para llevar adelante la primera edición, en una Asturias que tenía 779.294 habitantes, y en la que había matriculados 2.415 automóviles.
145.000 visitantes
Se inauguró en una fecha significativa para Gijón, el 15 de agosto. El alcalde era Enrique Zubillaga, quien entró en el recinto del paseo de Alfonso XII, en la actualidad paseo de Begoña, a los sones del 'himno de la Feria' cantado por el Coro Afición y que 'con potentes bocinas' podía escucharse desde todo el recinto. Antes, la organización había rogado a los propietarios de automóviles de Gijón que tuvieran la bondad de enviar sus coches al Ayuntamiento a las 11 horas 'para que estén a disposición del elemento oficial'.
El paseo se llenó de stands. Se presentaron 300 firmas comerciales y el recinto fue visitado por 145.000 personas. La entrada costaba una peseta y las ventas totales ascendieron a tres millones de pesetas. Las cifras avalaban la continuidad. En ese momento, lo que parece que sería el sino de la Feria durante su historia, el equipo de Romualdo Alvargonzález se percató de que el actual paseo de Begoña no era el lugar apropiado para celebrar la feria y se empezaron a buscar alternativas. El lugar elegido fue Los Campos Elíseos, una zona amplia, arbolada, entonces en el exterior de la ciudad, pero lo bastante cercana para facilitar el acceso a los miles de visitantes que, se preveía, iban a tener las siguientes ediciones.
Romualdo Alvargonzález siguió al frente de la organización ferial hasta la edición de 1926, pero era consciente de que, pese al continuo crecimiento en actividad empresarial y el prestigio social, la Feria tenía una inestabilidad innegable derivada de los problemas económicos. La dependencia de las entidades públicas era total.
En 1925, Alvargonzález crea la Asociación Popular de la Feria de Muestras Asturiana, para lo que emitió una serie de títulos por la cooperación económica, al 4% anual, que se agotaron en poco tiempo, pero no fue suficiente. Como máximo responsable ferial y a la vez que clausuraba la III Feria de Muestras de Asturias, había un llamamiento dramático. La Feria tenía un presupuesto de 300.000 pesetas y los ingresos por entrada de público eran de 50.000. «El día en que perdáis la Feria de Muestras, clamaréis por ella».
Veía acercarse nuevos tiempos de oscuridad ferial que llegarían sólo cinco años después de su vaticinio. De hecho, en la edición del año siguiente, en 1927, el alcalde de Gijón, Emilio Tuya, reconocía que la celebración del certamen había estado en peligro: «Había un ambiente de frialdad y estaba convencido de que la IV feria no se celebraría o habría de ser un fracaso rotundo y definitivo», manifestaba por aquel entonces.
Leche y manteca
Nicanor de las Alas Pumariño, presidente de la Diputación Provincial, tomó el relevo de Romualdo Alvargonzález al frente del comité ejecutivo de la feria y potenció el elemento expositivo agropecuario, hasta el punto de ocupar el campo de La Florida, donde estaba emplazada la Sociedad de Tenis, que se desplazó a Somió. El recinto en 1928 llegó a tener 38.000 metros cuadrados, con más de 600 stands y se realizaron ventas por importe de 1.660.000 pesetas. Asturias podía presumir entonces de ser una potencia nacional en producción de leche y manteca, casi triplicando a provincias como Barcelona, Lugo, Vizcaya, Santander, Orense o León, entre otras.
En el año 1929, las dependencias económicas de la organización ferial se hicieron patentes cuando todos los apoyos del Estado se derivaron hacia los certámenes internacionales que estaban convocados para Sevilla y Barcelona. Se salvó el escollo, pero el año siguiente, en 1930, el Gobierno de Primo de Rivera no era capaz de mantener la subvención de 100.000 pesetas y el Ayuntamiento y la Diputación bajaron a la mitad la suya. Cada vez aumentaban más las complicaciones.
En 1931, el 24 de enero, una asamblea popular decide seguir adelante con la VIII edición de la feria. El 12 de abril, tras las elecciones municipales, se produce un profundo cambio en la política española con la llegada de la República, y el 17 de mayo, el comité ejecutivo hace pública una nota en la que expone la imposibilidad de llevar adelante un nuevo certamen y señala que «nunca se conoce el valor de las cosas como cuando se han perdido».
Antes, en 1930, el arquitecto Juan Manuel del Busto había presentado un proyecto de recinto ferial espectacular para la ería del Piles que ocupaba 100.000 metros cuadrados. Incluia pabellones, salas de fiestas, 'acuarium-restaurant', teatro al aire libre, campos de tenis... El presupuesto de la obra era de 1.740.000 pesetas. Nunca llegó a realizarse, como tampoco fructificaron los sueños de Alvargonzález de crear un recinto ferial desde La Providencia a La Guía, calco del que existía en Montjüic, en Barcelona. La política y la falta de medios económicos habían acabado con la feria.