Fue el 14 de noviembre de 2003. El concejal de Urbanismo, Jesús Morales, presentaba en el Pleno municipal el borrador del convenio que se firmaría con Sogepsa para actuar sobre más de 900.000 metros cuadrados de las parroquias de Roces y Granda. Cuando comiencen las obras, a finales de 2006, habrán pasado tres años desde entonces. Se hablaba en aquel momento de 3.000 viviendas, la mitad de protección. Ya un mes antes ambas administraciones habían expresado su intención de actuar sobre esas zonas, además de en Jove -esta última actuación finalmente se suspendió-.
La alarma vecinal surgió ese mismo día. Comenzaron entonces las asambleas, las amenazas de ir a los tribunales, las protestas. El anuncio de expropiaciones, sin información más detallada, fue lo que más asustó.
82 millones de euros
Mientras, se empezaban a conocer algunos detalles del proyecto. A finales de 2003 se hablaba ya de 3.500 pisos y una inversión de 72 millones de euros. En estos momentos se prevé que se inviertan más de 82. Se mencionaba ya el desdoblamiento de la carretera Carbonera y la importancia que cobrarían las zonas verdes. Todos esos datos no hacían más que aumentar el malestar en la zona rural. Algunos de sus vecinos protagonizaron incluso tensos enfrentamientos con Jesús Morales.
En mayo de 2004 comenzaron los contactos entre Sogepsa y los vecinos, pero no lo hicieron con buen pie. De hecho, una de las primeras veces que los técnicos se acercaron a la parroquia, no lograron hablar con los propietarios, debido a la presión vecinal. A los de Roces se unían vecinos de otras parroquias para llevar a cabo estas protestas. A pesar de eso, ese mismo mes se cerraron los primeros acuerdos y se hablaba ya de la venta de una de las cinco viviendas afectadas por las expropiaciones. Las broncas no acababan, y las siguientes visitas de los técnicos fueron igual de polémicas. Así las cosas, en verano de 2005 Sogepsa se había hecho con el 10% del suelo afectado.
A partir de ahí, las cifras han ido mejorando, aunque los vecinos insisten en que el malestar y la indignación» sigue siendo iguales que al principio.