Domingo, 6 de agosto de 2006
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GIJÓN

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Arte contra la pared
Una nueva generación de graffiteros impulsa el movimiento en la ciudad y multiplica el número de pintadas en las calles
Arte contra  la pared
PUBLICIDAD. Obra de Rast para una tienda situada en la plaza de Romualdo Alvargonzález. / PIÑA
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Unos lo asocian con el vandalismo. Otros lo califican de expresión artística. La cultura del graffiti continúa creando diversidad de opiniones, pero lo cierto es que esta forma de expresión ligada estrechamente a la cultura hip-hop y que está encontrando hueco, incluso, en las galerías de arte, ha logrado ya un espacio destacado en casi todas las ciudades del mundo occidental. Gijón no podía ser una excepción. En los últimos años han surgido un amplio abanico de autores que decoran las calles de la localidad con obras no exentas de calidad.

Keko, Rast e Igle, o lo que es lo mismo, Adrián Pérez, Pablo Teresa y Alberto García Iglesias, respectivamente, son algunos de los graffiteros que conforman la escena gijonesa en la actualidad. Con varios años de experiencia pese a su juventud, los tres han conseguido labrarse un nombre e, incluso, sacarse un dinerillo gracias a los encargos que han recibido para pintar en diferentes zonas de la ciudad. Pintadas legales que, sin embargo, conforman un porcentaje ínfimo de las actuaciones de estos artistas urbanos.

El mundo del graffiti es la vertiente pictórica del movimiento hip-hop, que engloba tres elementos más: el 'breakdance' -baile-, el 'Dj' -persona que hace las mezclas musicales- y el 'Mc' -el que rapea-. Nacido en Estados Unidos, empezó a ser conocido para la opinión pública en la década de los 70, cuando comenzaron a proliferar pintadas en las calles de diferentes ciudades, especialmente en Nueva York, donde los trenes eran el principal objetivo de los graffiteros. ¿El motivo? Era la mejor forma de que sus firmas fueran vistas por el mayor número de personas.

El salto a España de esta práctica no llegó hasta la década de los 80. Luego, en los 90 consiguió consolidarse y es en la actualidad cuando está viviendo su mejor momento, con una mayor aceptación social, pese a las muchas trabas que sufren los autores para desarrollar su labor.

Multas que pueden llegar a los 300 euros, la falta de espacios donde poder crear y plasmar sus obras y el poco apoyo que cuentan por parte de las instituciones, son sus principales problemas. «Personalmente, a mí me gustaría poder ganarme la vida con esto. Hay dos opciones: irme de Asturias o currármelo aquí, lo que se podría hacer si contáramos con la ayuda del Ayuntamiento o del Principado», señala Igle, quien se encuentra desarrollando una espectacular pintada inspirada en la mitología asturiana en las paredes exteriores del pabellón del colegio Martínez Torner. Lo hace junto a Rast y Sak, un compañero del grupo que han formado recientemente.

Pero lo cierto es que en Gijón las ayudas son escasas. «Por ejemplo, en Mieres tenemos bastante buen rollo con el Ayuntamiento y una vez al año organizan una especie de exhibición de graffitis al que viene gente de toda España», señala Keko, quien elogia la iniciativa gijonesa de 'Arte en la calle' que ha permitido pintar muchas de las cajas de los registros eléctricos que hay en la ciudad, «aunque podían ofrecernos más sitios para pintar, que los tienen», añadió.

Un grupo de Oviedo fue el encargado de decorar esos elementos del mobiliario urbano, lo que creó malestar entre los artistas locales, que no niegan la existencia de roces localistas entre los graffiteros de ambas ciudades, que además cuentan con «una visión diferente del movimiento».

Carácter ilegal

El carácter ilegal de las pintadas ha conseguido que un sector amplio de la población relacione el graffiti con el vandalismo, etiqueta que va unida a dicha cultura desde sus inicios. «El graffiti puede ser arte, vandalismo o las dos cosas a la vez. Pintar un tren es arte, pero también es delito y lo entiendo», señala Rast, quien añade que «no creo que el graffiti ensucie. Yo cuando hago un pintada sin permiso me lo curro. Si tengo que echarme una hora trabajando y arriesgarme a que me pillen, me quedo hasta que acabe. Lo que quiero es hacer siempre algo guapo».

Pese a los riesgos, ninguno de los tres ha sido multado. «Sí que tengo alguna denuncia, pero al final quedó en nada», comenta Keko. Algo que en las cuencas mineras, «donde el nivel que hay en graffitis es brutal», no sucede: «En Mieres he estado pintando y en alguna ocasión ha llegado la Policía Local al lado nuestro y no nos han dicho nada».

De todas formas, Keko, Rast e Igle coinciden en esperar una mejora de la situación en los próximos años coincidiendo con la creciente expansión de la cultura hip-hop en todas sus modalidades entre la juventud asturiana. Una generación que, con sus creaciones, buscará convertir a Gijón y Asturias en un museo al aire libre que pueda ser disfrutado por todos los ciudadanos.



 
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