Los charcos de la playa quisieran servir para algo; por ejemplo, llegar a lagos.
Los políticos, en agosto, hacen lo de siempre, pero no van.
La sombrilla es el paraguas del optimista.
¿Vas en avión? ¿No! Esta vez tengo prisa.
La caracola es el móvil de las olas.
No es lo mismo enseñar al que no sabe, que enseñar al que no quiere.
Las casetas de la playa son viseras de cuerpo entero.
Cada divorcio tiene su hipoteca.
Antes, en Gijón, había tres parques importantes: el de Isabel la Católica, el Infantil y el Parque de Bomberos.
Las olas, cuando llegan a la orilla, se convierten en encajeras.
Menos muertos en carretera, pero ¿cuántos dejaron de salir por miedo? Esto es la cifra que nos tendrían que dar también.
El político inteligente no sería político.
Las cejas son los bisoñés de las miradas.
El gran problema de Asturias es creer que no tiene problemas.
Hay impuestos directos, indirectos e impresentables.
¿Cuántos habitantes tiene España, españoles aparte?
Mari Te de la Fe de la Ve, elegante vicepré.
Era un fenómeno: tenía una memoria histórica que llegaba hasta los celtas.
En nuestra infancia, la única memoria histórica que había que tener era para aprenderse la lista de los reyes godos.
La arena es la moqueta del salón de estar del verano.
En el puerto deportivo, muchas lanchas se pasan tan ricamente el verano.
Desde que está en el paro, se pasa el día en la playa. ¿Y qué hace? ¿Nada!