«Coches, coches y más coches. Está todo lleno y me encanta». Martín Argüero es un aficionado al mundo del motor. Uno de tantos. Las muestras de automóviles de la feria atraen cada año a miles de visitantes que se acercan al recinto sólo para ver las últimas novedades en vehículos de todo tipo. «De las segadoras pequeñitas tipo tractor a les grúes del Roxu, me gusta todo lo que lleve gasolina», comenta Martín. «¿O diesel!», apostillan entre risas desde su amplio grupo de amigos.
Iris Gómez y Marta Rodríguez pertenecen al Langreo Motor Club, que este año ofrece a los visitantes la oportunidad de realizar una subida virtual al alto de Santo Emiliano, en Langreo, en una réplica de un BRC. Sólo durante el día de ayer, casi 200 personas se subieron a este coche simulador.
«Cualquier persona mayor de 14 años puede realizar un viaje de tres o cuatro minutos en él», explica Marta. Pero para muchos ese tiempo es insuficiente: «Cuando se bajan, muchos se vuelven a poner a la cola, aunque tengan que esperar a que se suban otras veinte personas».
A los coches tradicionales les están saliendo duros competidores. Los quads, las motos de agua o los coches que se pueden conducir con licencia de ciclomotor ganan adeptos en cada edición. Por eso, desde Autos Pola, que se encargan de estas últimas categorías, lo tienen muy claro: «Hay que venir a la muestra. Además de lo que vendes, muestras el producto. Luego, dentro de ocho meses, aún te llega gente interesada por comprar con el folleto de la feria en la mano», comenta una de las empleadas.
Su jefe, Santos Borbolla es uno de los tres asturianos que participaron en la Baja España, una de las competiciones más prestigiosas del mundo del motor. «Poniendo un stand hacemos una buenísima inversión», asegura Santos.
Llegó, vio y compró
Deben lidiar, eso sí, con cientos de curiosos «sin intención de comprar». No es el caso de José Carlos Menéndez. Lo suyo fue «llegar y besar el santo». El primer día de feria, a las 21 horas, José Carlos se compró un Fiat Croma, «color marrón chill out». El trato, dice, «fue el mismo que en un concesionario. Ni mejor ni peor. Pero hay buenas ofertas».
Acompañado de su mujer, se descubrió como el consumidor ideal: «No me gusta marear a la gente. Necesitaba un coche, miramos ese y nos gustó. Por la tarde fuimos con todo listo para comprarlo».