Martes, 8 de agosto de 2006
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GIJÓN

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«En Gijón no cabe un alfiler»
La Semana Grande y el buen tiempo sacan a la calle a miles de personas, que llenan los establecimientos hosteleros de toda la ciudad
«En Gijón no cabe un alfiler»
LLENO. Almudena, del café Sinfonía, atiende una de las mesas de su terraza, llena hasta los topes. / PIÑA
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Menuda fiesta se ha montado esa tal Begoña», bromea David Martín. Él y sus amigos son algunos de los miles de gijoneses que ayer no quisieron quedarse en casa. «¿Con este día y de fiestas? ¿Ni de broma! Sólo tienes que echar un vistazo a la calle: no cabe ni la cabeza de un alfiler», dice el joven mientras abre otra botella de sidra.

Aún quedaba mucha tarde por delante. Muchos todavía no habían salido de trabajar. Otros, prefirieron pasar la jornada en el hípico. Pero todos estaban dispuestos, más tarde o más temprano, a aprovechar el primer día de Semana Grande. Incluidos los hosteleros, de los pocos gijoneses para los que ayer fue lunes. Para el resto, simplemente fue día de fiesta.

Las camareras de la calle Asturias no daban abasto. Su zona es una de las más concurridas durante todo el verano. Ahora, en plenas celebraciones patronales, es difícil encontrar un sitio libre. Con zapatos planos, se mueven con rapidez entre los clientes. Es el caso de Almudena, del café Sinfonía, que tiene a su cargo 21 mesas. «Esta siempre es una calle muy transitada», explica la joven, a quien no le asusta el trabajo: «esperemos que todo esto se alargue durante los próximos meses».

Su jefe, José Ramón Vázquez, se lamenta de que «este verano vino un poco tonto. Así que es ahora o nunca». Y, al parecer, la remontada va por buen camino: «Hemos notado un aumento en caja del 20%», asegura en el primer día de gloria para los hosteleros.

El propietario de Los Pinos, José Luis García, coincide con su vecino: «Estamos hasta arriba y, aunque hasta ahora la temporada vino un poco floja, lo estamos recuperando». Ahora, sólo tiene un deseo: «Que aguante un poco el buen tiempo».

Otro sitio de reunión es la calle Corrida, pero desde M. Helguera comentan que «todo este barullo es el mismo de cada año por estas fechas». Aún así, no se quejan. Creen, eso sí, que Gijón está ahogado en «un turismo de alpargata, en el que no hay buenos consumidores». El lleno de su terraza se debe, según su dueña, Isabel Helguera, «a los clientes fieles. A todos los que vienen durante el resto del año». Lo que ocurre, explica, es que «durante la Semana Grande vienen todos juntos porque, en estos días, apetece salir a tomar un poco el aire».

Un mal invierno

Isabel Helguera, como sus compañeros, quiere recuperarse «de un invierno muy malo». «En Gijón -aclara la mujer, que desearía una mayor ayuda del Consistorio- nos machacan a impuestos y facilidades nos dan las justas».

Si hubo algo que consiguió ayer sacar a la gente de las calles fue la sidra. Y fue para llenar los bares. Javier González lleva 20 años echando culinos en el Rubiera y reconoce que quien más ha notado la llegada de las fiestas ha sido su hombro. «Escanciamos muchísimo porque la venta de botellas se multiplica», dice.

Jacinto Pidal y Tino Valdés son dos «de los habituales de la sidrería». «Venimos por la mañana y por la tarde, durante todo el año», comenta Jacinto. «Oye, ho, dí que también trabayamos», le regaña su amigo. Ambos reconocen, «sin gran pesar de su corazón» y entre risas, que ahora tienen que ir antes «a coger sitio».

David Vega, de la familia propietaria de La Casona de Jovellanos, regenta uno de los locales más emblemáticos de Cimadevilla. La diferencia, concluye, es que «hoy -refiriéndose a ayer- es lunes y, por la gente que hay parece que es uno de los mejores domingos del año».



 
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