José Alejo Peláez García, vecino de la localidad de Canero, en Valdés, cuenta con una explotación de ganado vacuno de leche de 100 cabezas, de las que 55 son vacas madres y el resto, terneros de recría. Su estabulación ha estado ligada a la Central Lechera Asturiana desde sus inicios en los años sesenta del pasado siglo.
Su padre, Manuel Peláez Rodríguez, fue uno de los socios fundadores de la cooperativa, participó en todas las iniciativas que consiguieron darle el primer impulso a la empresa. José Alejo sabe, y así se lo ha transmitido su familia, que el nacimiento de la central lechera«a grandes rasgos fue una apuesta muy buena; todos los ganaderos pasaron a formar parte de la cooperativa porque hacía mucha falta». Desde entonces hasta hoy, según su criterio, «las cosas han cambiado mucho».
Ahora, a sus sesenta años, José Peláez es uno de los más de seis mil socios no activos de la cooperativa, y su hijo es quien está al frente de la ganadería.
Según su criterio, lo más positivo de los cuarenta años que han transcurrido desde la puesta en marcha de la central lechera ha sido, precisamente, el nacimiento de la cooperativa. «Tenemos una marca y tenemos unas bases, que son lo más importante», afirma.
Sin embargo, cree que, «aquel sueño se vio un poco desvanecido», ya que «creíamos que estábamos en una cooperativa, pero no funciona como tal».
Sus mayores temores están, precisamente, en torno al futuro de la cooperativa. Cree que si ésta desaparece, «los ganaderos estarán mucho más desamparados». Por esta razón, pide a la empresa que permita que la cooperativa vuelva a los orígenes, que funcione como tal, y que los ganaderos «tengan una mayor capacidad de decisión».