Miércoles, 16 de agosto de 2006
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GIJÓN

GIJÓN
Lo profano y lo divino
El arzobispo de Oviedo, que presidió en la iglesia de los carmelitas la misa con motivo de la festividad de la Virgen de Begoña, hizo un insistente llamamiento a la fe El baile de una jota asturiana y el himno de Asturias tocado con gaita adornaron la ceremonia
Lo profano  y lo divino
ENTRADA. Fueyo, Osoro y Gil llegan al altar. / E. C.
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El contenido grito final del párroco de la iglesia de los carmelitas, que aunaba el ¿Viva la Virgen de Begoña! con el de Asturias en una rotunda respuesta popular, condensaba ayer, de alguna manera, el sentir religioso y profano que rodeó la celebración de la misa en el día de la Asunción de la Virgen, el día grande de las fiestas de Gijón. Autoridades religiosas y autoridades políticas, mandos militares y feligreses civiles, coros fervorosos y bailes regionales. Todo se dio cita en un templo abarrotado, que hasta en la anécdota vivió el contraste: con un auditorio visiblemente dominado por canas y años, el llanto insistente de un bebé arrulló más de la mitad de la homilía arzobispal.

La misa del día de Begoña no precisa de aderezos para constituir la cita religiosa del verano gijonés, pero ayer el arzobispo de Oviedo proporcionó a la celebración anual de la parroquia de los carmelitas el tono de solemnidad que sólo la autoridad eclesiástica es capaz de inferir. Incorporado a última hora por su propia voluntad, Carlos Osoro impregnó toda su intervención de un canto a la fe en un momento en que la Iglesia asturiana se prepara para la celebración de un sínodo. «La fe no es un añadido que cojamos en la vida para consolarnos. Es una necesidad imperiosa para una humanidad nueva», dijo, con el párroco, Fidel Gil, y el arcipreste de Gijón, Fernando Fueyo, a sus espaldas, entre la media docena de sacerdotes con quienes Osoro concelebró la misa.

Frente a ellos, una primera fila de asistentes repleta de autoridades policiales y militares, pero en sobremanera políticas, con una amplísima representación municipal dominada por la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, y los concejales socialistas Pedro Sanjurjo, Begoña Huergo, Iván Álvarez Raja, Esperanza Fernández y Hortensia Fernández, que compartían banco con los ediles críticos del Partido Popular María Luisa Peláez y Lucía Ezquerra. El otro extremo estaba dominado por los uniformes de las autoridades militares, todos oscuros a excepción del del segundo comandante de Marina, y los concejales del PP Pilar Fernández Pardo, Elma Alonso, Pedro Muñiz, Juan Carlos Santos y Manuel Pecharromán.

A ellos, más que a los feligreses convencidos, dirigió Osoro su «invitación» en el día de Begoña, «a que no tengáis miedo a abriros a Dios. No es alguien que deja al hombre sin libertad. Es todo lo contrario», afirmó, para añadir que «la fe no es cosa del pasado. Es algo moderno, que se propone, no se impone, pero es un don que hay que trabajar».

En un terreno más cercano, Osoro recibió las ofrendas florales a la Virgen de manos de los miembros del grupo folclórico Aires de Asturias y escuchó las preces de los parroquianos: «Por Gijón y todos sus ciudadanos, para que, mediante unas relaciones justas, cordiales y solidarias, consigan una ciudad próspera, abierta, jovial y fraterna». Y para resaltar el vínculo popular, una jota asturiana bailada ante el altar en honor a la Virgen de Begoña acabó con aplausos. Pero cuando la gaita trajo hasta el templo los sones del himno de Asturias en los lindes de la consagración, apenas nadie se puso en pie. Lo divino pudo más que lo profano.



 
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