A estas alturas parece pretencioso afirmar algo original sobre el amor. Lo pensé recientemente después de leer esta reflexión de un autor de cuyo nombre no puedo acordarme (echo de menos una memoria elefantina cual la de Casacites):
«Un hombre sin amor es como un pez sin bicicleta».
En cuanto a ese devorador de amores llamado matrimonio, sí recordé el comentario de Dalmacio el Cínico durante uno de los paseos filosóficos de la Escuela Paripatética de Caleya. Lo profirió a raíz de que le comunicaran que unos días atrás había contraído nupcias un pensador sesentón:
«¿Cómo! ¿Qué se ha casado? ¿Y pensar que lo dejé gozando de perfecta salud!». A medida que aporreo las teclas de la vieja Remington, me viene también a la memoria la intervención de Acracio Barricaes en una tertulia de chigre en la que se hablaba de la institución matrimonial:
«La democracia y el casamientu dicen que se parecen en el hecho de que son los regímenes menos malos de entre los conocidos y practicados. Pero donde estén la anarquía y el amor libre que se quiten esi par de instituciones rancies y corrompíes».
Otro recuerdo: cuando el vetusto Adriano Mareaxes me narró su historia de amor con una bella cigarrera. En cierto momento, consumido por la impaciencia, lo interrumpí para preguntale si había tenido un final feliz, y esta fue su respuesta:
«No, home, no: casámonos».
Cuando estaba ya a punto de agotarse el filón de los recordatorios, hizo acto de presencia el mentado Casacites, quien, después de enterarse del asunto del día, repentizó sobre la marcha:
«Yo tengo cara de soltero y condición de viudo. No quiero tomar mi matrimonio con mis manos, ni estoy cansado de mí ni enfadado con mis vicios. Maride por otra parte: que yo he determinado morir ermitaño de mi rincón, donde son más apacibles telereñas que suegras.
»Si vuesa merced me quiere para mientras marida, o como para marido, o para entre marido, aquí me tiene corriente y moliente».
Comentó finalmente:
«Quevedo y yo somos así, un par de solterones impenitentes y hasta un tanto impertinentes».
Luego fuése, y no hubo más.