Principado y Ayuntamiento de Gijón apelaron ayer a los términos en que suscribieron hace un año el convenio -por importe de 1.377.000 euros- para financiar la restauración de la Iglesiona. Sus cláusulas comprometen expresamente al Arzobispado de Oviedo a hacerse cargo de cualquier imprevisto económico que pudiera surgir durante la ejecución del proyecto contratado a la empresa especializada Geocisa. De esta forma rechazaron, cada uno por su lado, asumir parte del pago del sobrecoste de 600.000 euros (100 millones de pesetas) que han generado ya las obras.
Al alcalde en funciones de Gijón, Jesús Morales, quien recordó que el convenio reparte las cargas del presupuesto de adjudicación a partes iguales entre Ayuntamiento, Principado y Diócesis, no le cabe la menor duda de que tendrá que ser la Iglesia asturiana la que afronte en solitario un desfase que ya excede casi en un 50% lo estipulado por contrato. «Lo que se ha gastado de más por un lado, habrá que ahorrarlo y contenerlo por otro», manifestó.
Fuentes de la Presidencia del Principado se expresaron en términos similares y recordaron que la forma en que se suscribió el convenio a tres bandas no deja resquicio a nuevas aportaciones por parte de las administraciones municipal y autonómica.
Entretanto, en el Arzobispado de Oviedo la preocupación es notoria por la repercusión que el sobrecoste de las obras de la basílica tendrá en las arcas diocesanas. «Nos ha pillado por sorpresa un sobrecoste de esta magnitud, porque el dinero nosotros no lo pintamos», reconoció ayer el ecónomo de la Iglesia asturiana, José Ramón Garcés, quien es plenamente consciente de que la solución a este agujero financiero que no para de crecer no pasa por los otros dos firmantes del convenio.
«El acuerdo es cerrado con unas cláusulas que nos obligan a asumir los desplazamientos económicos del presupuesto», señaló Garcés, quien no obstante subrayó que «el convenio se elaboró sobre la base presupuestaria que la empresa adjudicataria nos dio». Por ese motivo el ecónomo diocesano considera que llegados a este punto la única solución es negociar con Geocisa y «tratar de llegar a un principio de acuerdo, porque lo más probable es que haya que contener económicamente las obras que aún quedan».
Sobre la posibilidad de que las obras de rehabilitación puedan interrumpirse por el revés económico, José Ramón Garcés hizo votos por «hacer un esfuerzo para seguir adelante una vez que ya hemos comenzado. La ciudad de Gijón no nos perdonaría un nuevo retraso en la mejora de su basílica», aseveró. El responsable de las finanzas eclesiales no quiere entrar en polémicas, pero también espera que la empresa adjudicataria «esté a la altura del nombre que tiene en Asturias y asuma los errores de previsión que haya podido cometer».