Lunes, 28 de agosto de 2006
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La ciudad patas arriba
Esta semana abrirá al tráfico la calle de Uría, y en las dos sucesivas Pedro Masaveu y el entorno de Cervantes, después de dos meses de trabajos que han incordiado el tránsito en el centro de la ciudad
La ciudad patas arriba
FIN DE LOS TRABAJOS. Una pareja sortea los obstáculos en Uría con un cochecito a cuestas. La imagen ahora pasará a ser historia. / J. D.
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LAS OBRAS
Esta semana: concluye la reurbanización de Uría.

El resto: a principios de setiembre los trabajos finalizan en Pedro Masaveu. A mediados, los de las calles Asturias, Cervantes, Marqués de Teverga, plaza de América y Muñoz Degraín.

El presupuesto: 12,8 millones de euros costará el vigésimo plan de choque que, entre otras obras, incluye también la pavimentación en calzadas y aceras de las calles Sacramento y San Lázaro.

Las más impactantes: las de Uría. Era necesario renovar las conducciones de electricidad, gas, cable y agua, así que las empresas relacionadas pagan la mitad de los 1,44 millones de presupuesto.

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Gaos mantiene la fecha de finalización de las obras de la calle Uría para «el 31 o el 1 de setiembre». Esta semana, además, se reabrirá al tráfico rodado, cortado en la principal calle comercial de la ciudad desde hace ya más de dos semanas. «La apertura dependerá de cómo vayan los trabajos», explica el ingeniero responsable, Jesús Díaz Almeida. Los obreros no han parado. Unas «40 o 45» personas trabajan día y noche para que las obras terminen lo antes posible. Si las previsiones se cumplen, y ya está asfaltada la mayor parte de la vía, esta semana concluirá una de las obras que ha marcado el ritmo de comercios, residentes y turistas durante el verano. Serán las primeras en finalizar.

Después, «a principios de setiembre», la normalidad volverá a Pedro Masaveu. Un poco más tarde, «a mediados» de mes, las máquinas abandonarán las calles de Asturias, Cervantes, Marqués de Teverga y la plaza de América, según precisó el delegado de Ogensa en la región, Eloy García. Muñoz Degraín también estará lista para esas fechas. Y todo saldrá de los bolsillos de los ovetenses: 12,8 millones de euros.

Entre máquinas y materiales, sin aceras y con mucho ruido han tenido que convivir los vecinos del centro. Las molestias han sido inevitables y los obreros también las han sufrido. Mientras colocaba baldosas de granito en Uría, Gonzalo Pérez ha tenido que soportar las quejas de la gente: «Es normal que protesten, no tienen por donde pasar». Entre viandante y viandante, tenía que parar y recolocar la piedra: «Si estás colocándola y pisan, se baja y luego nos echan la culpa a nosotros».

Uría es una de las arterias centrales de la ciudad. Ya no sólo por las tiendas, bancos y oficinas que hay en ella, sino por su extensión y porque sirve de paso para muchos peatones. Dicen sus dirigentes que ésta es una ciudad para caminar. Gabino de Lorenzo apuesta por ello desde que llegó a la alcaldía. A la vista está la peatonalización de buena parte del centro. Pero para los transeúntes, éstos dos últimos meses se han hecho interminables. «Esto ha sido una revolución», dice Alberto Vaquero, residente en el número 3, que confía en quedar «exento de tributos» este año por las molestias ocasionadas.

José Antonio Gutiérrez Hevia cruza varias veces al día la calle por motivos laborales. Trabaja como abogado en un bufete de Marqués de Teverga. Llegar hasta los juzgados se ha convertido en toda una aventura para él.

Y es que para atravesar Uría, lo primero que había que hacer era encontrar el paso habilitado, porque no siempre permanecían en el mismo lugar. Una vez localizado, había que esperar turno en una cola que se formaba en un estrecho pasillo limitado con vallas. Y después, esquivar materiales estar atento al suelo para no caer en ninguna de las más de mil arquetas, la mayoría sin tapar, que y se han convertido para más de uno en una trampa.

Conseguir llegar elegante a una cita importante atravesando el centro era imposible. El polvo se acumulaba por todas partes. José Rodríguez Iglesias trabaja como portero en la calle. Con la escoba pasaba buena parte de su jornada: «No hay manera de mantenerlo limpio», protesta. Hasta tres veces al día han tenido que limpiar los zapatos las empleadas de Ulanka. Pero ni eso ha sido suficiente para mantener el ritmo de ventas de otros años: «La gente se queja mucho porque los zapatos no están limpios», lamenta Tatiana Riesco.

El comercio

A la pregunta de «¿han descendido las ventas?», la respuesta de los comerciantes es unánime: «mucho». Conchi Rodríguez, la encargada de Adolfo Domínguez, cifra las pérdidas en un «15 o 20%» respecto al año anterior. Una bajada que compensan con el aumento de la venta en otros establecimientos suyos.

La inmobiliaria Urazca ha cerrado su delegación en Uría hasta que finalicen las obras, como explica un cartel. Sus vecinos, los propietarios de la cafetería Rívoli, han quitado la terraza y eso se ha notado en la caja. «El descenso ha sido del 50%», evalúa Antonio García Fernández, el dueño. A pesar del descenso, reconoce que Uría necesitaba un cambio: «La calidad era inferior a la de otras calles». Ahora, la acera ha quedado homogénea en tonos grisáceos, blancos y granates. Además, se ha solucionado un problema que afectaba a varios establecimientos. «El colector de ahí -dice señalando a la intersección con González del Valle- era muy antiguo y siempre que había tormenta se inundaba éste y otros locales de la calle».

Aprovechando los meses de vacaciones, el Ayuntamiento ha desarrollado su vigésimo plan de choque. Todos los veranos se repiten las mismas escenas. Sólo que éste ha tocado a la zona centro para sorpresa de los turistas que ven cómo caminar por la zona más turística y comercial se ha convertido en algo similar a atravesar un campo de minas.



 
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