No cabía un alfiler. La calle de El Muelle volvió a ser en la medianoche del lunes al martes la atalaya elegida por la mayor parte de los avilesinos para presenciar los fuegos artificiales que pusieron fin a la edición de este año de las fiestas de San Agustín. Faltaba aún media hora para el inicio del espectáculo pirotécnico y encontrar un hueco para contemplarlo ya era misión casi imposible. Pero la espera mereció la pena.
Si Luz había iluminado con su concierto el fin de fiesta, los fuegos fueron una guinda espectacular. Por momentos, su luminosidad hizo que el día se adueñara de la noche, y su potencia atronó las calles del centro. Tanto los cohetes que surcaron el aire como los que surgieron del agua llamaron la atención de las miles de personas que acudieron a disfrutar del espectáculo, aunque hubo comentarios para todos los gustos y algún que otro espectador se acordó de los fuegos del año pasado. Los flashes de las cámaras de fotos hicieron a ratos la competencia a los destellos pirotécnicos, que se despidieron hasta el año que viene con una espectacular traca final que dejó sin aliento (y sin oídos) al público presente.