EL grosor del lomo del 'Diccionario del disparate' aumenta merced a la incorporación de las palabras y palabros que en breve se transcriben. Antes, unas palabras del autor, el motejado Dascoíte:
«Espero que el engrosamiento de mi magna obra lexicográfica no sea meramente cuantitativo y que su sabor sea equiparable al del lomo ibérico: de tomo y lomo».
Sea como fuere, que les aproveche la transcripción:
BBYBT: nombre de un chigre en el que se prohíben las tertulias y apenas da tiempo a fumar un cigarrillo.
Dibidubidú: coletilla musical que es mucho más profunda de lo que parece, o al menos así se deduce de esta pintada existente en los lavabos de la sidrería sede de la filosófica Escuela Peripatética de Caleya:
«To be is to do (ser es hacer: Sócrates).
To do is to be (hacer es ser: Jean Paul Sartre)
Do be do be do (Dubidubidú: Frank Sinatra)».
Francotimador: dícese del pufista que apunta a la víctima y le dispara con absoluta sinceridad: «Préstame 100 euros y que Dios te los pague».
Lloviaznar: agua menuda, más persistente y caladora, que cae sobre Mariano Rajoy y adláteres.
Nervios: mi nunca bien ponderada mamá política suele afirmar que la pongo muy, pero que muy nerviosa de los nervios.
Oviedad: aplícase a algo sumamente evidente proferido por un nativo de la capital del Principado. Por ejemplo: «Gijón es la ciudad más populosa y bonita de Asturias».
Régimen: en su acepción alimentaria, no me resisto a reproducir este breve diálogo sostenido entre dos militantes del colectivo MAMI o Marujas Militantes:
«-El mi hombre hazme la vida imposible.
-Con lo salau que era el noviu.
-Pues ahora mátame a disgustos. Fíjate que hasta se me quitaron les ganes de comer.
-Pues abandonálu, fía.
-¿Cuando llegue a los 50 kilinos!».
Ubre: todavía no he hallado a ningún lingüista que haya sabido explicarme el porqué se escribe con b.