Tras la noticia del inesperado fallecimiento de don Alberto Figaredo Sela, acaecido el pasado 30 de agosto y cabalmente divulgada por la prensa regional dado su impecable prestigio biográfico y la proyección de su bonhomía, a la Hermandad de Marineros Voluntarios de Asturias tan sólo le queda llorar su muerte por haberse quedado también huérfana de su amigo y presidente. Y es que la nave de esta hermandad asociativa, cofundada por él hace ya muchos años como capitán de corbeta, juntamente con su amigo el teniente de navío López de Roda, y compuesta esencialmente por un puñado de nostálgicos de la mar, ha venido desde entonces timoneada con amistad y acierto por su experta mano hasta la arribada a este su último puerto.
Mas, llegados a este punto, es de justicia recordar que en la propia singladura de estos últimos meses otros tres marineros, don José Luis Ortiz, don Óscar Bernardo Sánchez y don Alfredo Visiola Rollán, también quisieron quedarse allende la línea del horizonte para poder escoltarle y servirle de guía entre las blancas olas y los luceros del más allá. Siempre presentes en nuestro recuerdo y oraciones, vaya -pues- para aquellas familias, y en el caso que ocupa para la viuda de don Alberto Figaredo Sela, doña Ana María Alvargonzález González, hijos, nietos y demás deudos, nuestra más sentida condolencia.
Alberto Cienfuegos Martínez, en representación de la Hermandad de Marineros Voluntarios de Asturias