La consejera de Cultura, Ana Rosa Migoya, acusó ayer las duras críticas que le han llegado desde Izquierda Unida por justificar el pasado lunes la permanencia de algunos símbolos franquistas en el conjunto arquitectónico de la Universidad Laboral, actualmente en obras.
Durante la visita que realizó al monumental recinto, Migoya apeló a la madurez democrática de la sociedad asturiana y española para poder «mirar con tranquilidad» unas reminiscencias históricas cuya retirada -aseguró- equivaldría a «mutilar» el edificio de Luis Moya. Incluso puso como ejemplo al propio Ejecutivo regional por su falta de prejuicios con la recuperación de soluciones arquitectónicas del proyecto constructivo original y de objetos del antiguo mobiliario. Sin embargo, ayer se refirió a estos vestigios del antiguo régimen de una forma mucho menos tibia, «porque quizá no me haya expresado bien en un asunto sensible como éste», matizó.
Y Migoya comenzó su «aclaración», dirigida a aplacar los ánimos de sus socios de gobierno en Gijón y en Asturias, endureciendo su discurso. «No somos ni yo ni nadie del Gobierno al que represento sospechosos de amparar a nada que haga referencia al régimen dictatorial que vivimos en este país durante 40 años».
Respecto a los símbolos que han desatado la polémica, la consejera quiso resaltar que en el Ejecutivo regional «los repudiamos y nos repugnan, porque representan un oscuro periodo histórico que de ningún modo queremos que se vuelva a repetir». Para enfatizar el desdén que le producen esos elementos laudatorios de la época franquista, la consejera aseguró que «hemos quitado muchísimos y estamos quitando muchos más».
Además, puso ejemplos. Habló de un enorme friso que se encuentra en el frontispicio del teatro en el que aparecen dirigentes, e incluso ministros, del antiguo régimen. «Supondrá un trabajo muy laborioso y costoso, pero se va a retirar», anunció Migoya, para defender que la intención de su departamento es «desprenderse» de lo que hace apenas unos días se podía «mirar con tranquilidad»
Antes de que arrancasen las obras de remodelación -explicó la también portavoz del Gobierno del Principado-, la Laboral «estaba plagada de símbolos, alegorías y alusiones a la dictadura y al régimen político que la sustentaba». Ahora siguen quedando vestigios, reconoció, pero se trata de algunos elementos que plantean dificultades técnicas, al margen de lo que representan, por la funcionalidad arquitectónica con que fueron concebidos.
«Suprimir o minimizar»
Pero incluso acerca de estos símbolos que no son ornamentales y afectan a la estructura del complejo, la consejera también modificó sensiblemente su postura. «Tendremos que ver si es posible suprimirlos o minimizarlos -afirmó-, pero siempre que no suponga un riesgo desde el punto de vista arquitectónico».
La portavoz del Gobierno asturiano también aseguró que no existe contradicción entre la postura que mantiene su departamento y las iniciativas en aras de la recuperación de la memoria histórica que se están poniendo en marcha desde el ámbito nacional. «Nosotros caminamos en la dirección de la supresión. Nadie debe sentirse agredido ni sentir temor al respecto», subrayó.
Respecto a los ataques directos que le lanzó el tercer teniente de alcalde de Gijón, Jesús Montes, la consejera calificó de «injustas esas descalificaciones», porque ignoran «una trayectoria política y personal de cada uno que está fuera de duda». El portavoz municipal de IU la acusó de ofender e indignar a miles de gijoneses que votan a la izquierda y de actuar como portavoz de «carcamales y fascistas».