'Skizo' no es una película de terror al uso. Ni siquiera es una película de terror. Bueno, un poco, pero con una textura humorística que tamiza los excesos de la violencia barata. Si uno va a la sala con el noble propósito de entretenerse con el psicópata de turno, que pone a trabajar su cuchillo morcillero nada más arrancar la sesión, ya se puede quedar en casa. Jesús Ponce, el que fuera director de la aplaudida '15 días contigo', presenta un sólido producto que se alimenta de varios géneros -desde la comedia hasta el drama- para equilibrar una historia que tiene en sus actores su punto más fuerte.
'Skizo' construye un ambiente opresivo, de una estética oscura, casi negra, que abraza el terror psicológico para mantener la atención de la platea. Funciona a ratos, sin apelar al recurso facilón de los sustos, pero nunca llega a desentonar gracias al formidable trabajo de Óscar Jaenada. El actor catalán, que se consagró con su papel de Camarón, se mete en la piel de Iván, un quinqui tronado que acepta participar en una farsa organizada por Gorka (Eloy Azorín), un camarero que maquina un falso secuestro de la dama de sus sueños para enamorarla. Lo que en un principio debía haber sido una simple intervención heroica de Gorka -parte la cara al delincuente y se queda con la chica- se convierte en un secuestro en toda regla gracias a los devaneos mentales de Iván. Al final todos acabarán en un siniestro caserío en el que la risa y la muerte se darán la mano. Terror, humor, presencias extrañas y la locura vertebran una cinta que no pierde fuerza con el transcurrir del metraje.
Es precisamente la comicidad lo que desdramatiza la oscuridad y la violencia de 'Skizo'. Diálogos macarras y surrealistas de sus protagonistas harán las delicias de los adolescentes.