EN el Santuario de Covadonga, sin que hubiera expectativas inmediatas, se despejó la incógnita eclesial. Habrá sínodo diocesano. Es verdad, que ese lugar y ese día de la fiesta de la patrona de Asturias, ha sido muchas veces donde y cuando se hicieron públicas noticias o programas pastorales importantes, frecuentemente con impacto social. Coincide la celebración con el comienzo de curso y la cueva de Covadonga es el mejor púlpito y, además, como este año, están presentes todos los medios de comunicación para llevar la noticia a todos los rincones de este viejo Principado. Había decaído el interés por este posible evento, porque la cuaresma, en la que se hizo la consulta, quedó ya un poco lejana.
Este verano caluroso ha sido un intervalo de tiempo que nos hizo olvidar muchas cosas. Además, sigue siendo cada día más verdad aquello de que 'el tiempo vuela'. No es una decisión clara y fácil la de un sínodo. Más bien, es una aventura aunque sea con el Espíritu Santo al fondo. Exige un trabajo arduo y paciente y, sobre todo, hay que interesar a toda la diócesis para que tome, de una manera o de otra, parte en él.
Es tiempo de escucha y me da la impresión de que todos queremos hablar y mucho y de muchas temas. Es ocasión para poner en duda y revisar actitudes, comportamientos y normas que nos pueden parecer tradicionales, pero que han perdido su razón de ser. Una vez tomada la decisión, hay que ponerse en marcha y superar temores.
No olvidemos que sínodo significa camino. Es ponerse a caminar juntos (¿sabremos?) buscando el bien de la iglesia que es evangelizar hoy. Más de treinta mil cardiólogos reunidos en congreso acaban de aconsejar, de nuevo, que al corazón le viene muy bien caminar y nos recuerdan aquello de 'menos platu y más zapatu'. A la Iglesia también.