EN fila india, el 'Galicia', el 'Pizarro', el 'Patiño' y la fragata 'Almirante Juan de Borbón' abandonan la base naval de Rota con rumbo al Líbano. Son las seis de la tarde y en la playa portuense de Santa Catalina el termómetro marca 33 grados a la sombra, y un par de helicópteros revolotean sobre los barcos, mientras los bañistas, indiferentes, se hornean al sol. La víspera, en San Fernando, un cabo primero asturiano de la Brigada de Infantería de Marina lamentaba la corta duración de la misión, apenas dos meses, y la escasa utilización que, a su juicio, el Gobierno hace de un cuerpo, la Infantería de Marina, perfectamente adiestrado, porque prefiere al Ejército de Tierra. Asuntos de alta política militar y no tengo a mano a Clausewitz para evacuar consultas.
Si la escena de la bahía hubiera ocurrido hace 115 años podría haberla contemplado desde sus posesiones, en el kilómetro 2 de la carretera de Fuentebravía, el torero don Luis Mazzantini y Eguía. Mazzantini, que obligaba a todo el mundo a tratarle de usted, inauguró el 12 de agosto de 1888 la plaza de toros de El Bibio. Alternó con 'Guerrita' en la lidia de seis toros de José Orozco. Tres años después, enamorado de una cantaora gitana, compró en el Puerto de Santa María una hacienda que todavía hoy es conocida como 'El Recreo de Mazzantini'. Mazzantini había nacido en Elgóibar, Guipúzcoa, y en su tiempo, para recorrer la Península de Norte a Sur podía no ser suficiente un día. Hoy, doblar el mapa por carretera entre Gijón y El Puerto requiere menos de nueve horas. Por la Ruta de la Plata avanzan las obras de la autovía a un ritmo a simple vista más vivo que en la autovía del Cantábrico y para soslayar travesías de poblaciones en Zamora y Salamanca merece la pena rodear 48 kilómetros por Tordesillas para ir siempre por autovía. Mazzantini y su cuadrilla también lo harían.