Está considerado un experto mundial en energías renovables y, con su conferencia, el danés Frede Blaabjerg inauguró técnicamente el congreso de electrónica industrial que durante tres días concentra en Gijón a cerca de dos centenares de investigadores nacionales e internacionales. Ante ellos expuso el carácter científico de sus estudios, que le proporcionaron ya más de una decena de premios y reconocimientos, y fuera del anfiteatro del Palacio de Congresos de la Feria Internacional de Muestras de Asturias defendió la energía eólica como mejor alternativa de futuro. Pero de un futuro próximo.
«De aquí a 20 años, el viento, sin ningún tipo de duda, será la alternativa energética. Tiene la tecnología en marcha y está muy desarrollada, todo lo contrario que la energía solar, que está muy lejos de la eólica. Hasta que no se produzca una mejora considerable de su tecnología que la haga competitiva, el viento lidera, sin duda, la energía del futuro», afirmó Blaabjerg.
Catedrático del Instituto de Energía Tecnológica de la Universidad de Aalborg, enmarca sus investigaciones en Dinamarca, país puntero en la producción de energía eólica, en proporción a su tamaño. Allí ya han procedido a instalar molinos de viento en el mar, mientras Gijón estudia instalar su primer parque eólico de cinco unidades en el nuevo dique del puerto de El Musel.
La situación de Asturias
«Asturias es tierra de viento, pero sería impensable instalar los molinos en el agua, porque el primer condicionante con el que trabajamos hasta ahora es que la profundidad de las aguas sea escasa. Aquí son muy profundas, lo que haría imposible esa alternativa, pero en este momento estamos trabajando en molinos flotantes para poder instalarlos en aguas de hasta 3.000 metros, llevándolos mar adentro, alejándolos de la costa para ponerlos fuera de nuestra vista», afirmó el profesor danés, que ya vivió experiencias en Dinamarca de la oposición de los vecinos, «no a la energía eólica, sino a tener cerca de su casa una torre de 100 metros con sus espadas».
Frede Blaabjerg se confiesa optimista sobre el desarrollo de las energías renovables, sin las cuales, dijo «no hay futuro. Va a ser la sociedad la que las demande. Y además, puede que en un momento dado se dé un salto tecnológico que lo acelere todo. Como los ordenadores. Cuando aparecieron en los años 60, nadie podía esperar que 40 años después todos tendríamos un ordenador».
La espicha y Gijón
Al margen de los tecnicismos que los congresistas escucharían a continuación, el rector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez, resaltó la apuesta universitaria por la transferencia de conocimiento y el viceconsejero de Ciencia, Herminio Sastre, la creación de empresas de base tecnológica.
Pero el protagonismo de la inauguración lo acaparó la espicha a la que iban a asistir ayer la mayor parte de los asistentes por primera vez. Desde el presidente del congreso, el catedrático de Tecnología Electrónica Javier Sebastián, hasta el director de la Escuela Politécnica de Ingeniería, Ricardo Tucho o el vicealcalde Pedro Sanjurjo hicieron referencia a ella. Y Sanjurjo hasta recomendó una rápida «evacuación para poder seguir bebiendo más sidra». Las risas le sirvieron de respuesta.