María del Carmen Brígida Meana Bastián fue una de las jóvenes que falleció el pasado 16 de abril en el accidente que sufrió el autobús del Grupo Scout San Miguel en Lena. Fue diagnosticada, un mes antes de su muerte, de una enfermedad que padecía desde que era niña, el síndrome de Prader-Willi, un complejo trastorno genético. Fue el centro de su familia. Fue una grandísima aficionada a la pintura y buena nadadora. Fue fiel hincha y socia del Sporting. Fue, incluso, una gran aficionada taurina. Pero, muy por encima de todo eso, «fue feliz». Su madre, Dolores, no encuentra otras palabras que definan mejor la vida de Carmen. Por eso ha querido que todos puedan ver el mundo a través de los ojos de su hija. Y qué mejor manera de hacerlo que colgando sus recuerdos más íntimos en la pared del centro municipal de su barrio, La Arena.
La enfermedad que sufría Carmen va siempre acompañada de retraso mental o trastornos de aprendizaje y de problemas de comportamiento y musculares. Durante casi la totalidad de su vida, nadie supo qué le pasaba, pero su familia siempre se volcó en motivarla. Esa fue la razón de que empezase a pintar.
Recibió clases de dos horas, dos veces a la semana. En sus dos años y medio de carrera artística pintó 36 obras en las que se puede observar una gran evolución. La mayoría lucen ahora en La Arena para impresionar a los que no confiaban en su talento.
La muestra recoge atardeceres, mares, bodegones, animales, paisajes de todo tipo y, en el centro de la exposición, el retrato de un yorkshire, Rufo. Era el cuadro preferido de Carmen. «¿Cómo no iba a serlo? Siempre iba a todas partes conmigo, su padre, y su perrín», explica Dolores.
«Dar ejemplo»
«No tuvo muchas amigas, porque la rechazaban, pero se apuntaba a un bombardeo. Siempre tuvo todo lo que quiso», recuerda su madre. El objetivo de esta iniciativa no es otro que el de homenajear a Carmen, «que tanto disfrutó pintando», y dar a todos «ejemplo de cómo superar barreras».
A la inauguración de la exposición acudieron algunos representantes de la Asociación Española para el Síndrome de Prader-Willi. Entre ellos, Elena Escalante, que dirigió unas palabras de agradecimiento a Dolores: «Sólo desde el movimiento asociativo se pueden superar las dificultades con las que se encuentran día a día.
Por eso, Loli nos ha dado energía renovada para seguir trabajando por los que aún están». Y para recordar a los que se han ido.