 CEREMONIA. Carlos Osoro y Raúl Berzosa, durante la ordenación de éste último como obispo auxiliar de Asturias, en un acto celebrado en la catedral de Oviedo en mayo de 2005. / CITOULA |
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ASÍ SE PREPARA
ASÍ SE PREPARA |
Convocatoria
Punto de arranque: el sínodo diocesano puede ser celebrado cuando lo aconsejen las circunstancias a juicio del obispo, después de oír al consejo presbiteral. En esta ocasión, el arzobispo hizo pública la convocatoria el 8 de setiembre, en Covadonga.
Preparación
Oraciones: el arzobispo invitará a todos los fieles, clérigos, religiosos y laicos y a los monasterios a rezar por el sínodo.
Catequesis e información: se podrán ofrecer orientaciones concretas para la predicación de los sacerdotes y se aconseja la edición de un fascículo informativo y el recurso a los medios de comunicación para llegar a los fieles.
Comisión preparatoria
Elección: el arzobispo elegirá a los miembros entre curas y otros fieles que destaquen por su prudencia y competencia, procurando que reflejen la diversidad de la Iglesia.
Misión: ayudar a Carlos Osoro a redactar y publicar el reglamento del sínodo, que incluirá su composición y el modo de proceder en las reuniones, entre otros asuntos.
Consulta a la diócesis
Contacto: en esta fase, se ofrecerá a los fieles la posibilidad de manifestar sus necesidades, deseos y pensamiento acerca del sínodo.
Definición de los temas
Cuestionario: el obispo procederá a fijar las cuestiones sobre las que versarán las discusiones.
Envío: la documentación preparada será transmitida a los sinodales, para garantizar su estudio antes del inicio de las sesiones.
Celebración del sínodo
Arranque: entre el inicio de los trámites anteriores y el comienzo del sínodo habrán pasado un mínimo de dos años. Arrancará con una gran ceremonia. |
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El arzobispo lo hizo oficial, como no podía ser de otra manera, frente a la Virgen de Covadonga. La Iglesia asturiana ha comenzado a andar un pausado camino de reflexión que, a lo largo de los próximos tres años, llevará a la comunidad católica de la región a debatir cuál es su situación y cómo debe afrontar el comienzo de un nuevo siglo. Como dijera Carlos Osoro a los pies de la Santina, la celebración del sínodo diocesano deberá servir para «emprender un camino de nueva evangelización».
En este momento la cita se encuentra aún en una fase inicial, de «preparación espiritual» pero desde las bases eclesiales, desde las parroquias, empieza a verse ya el sínodo como una buena oportunidad para revisar los principales problemas que deben afrontar en el día a día de su relación con la sociedad. En cualquier caso, recuerdan que este tipo de concilios tiene sus propios límites, estrictamente marcados por el Derecho Canónico.
Juan Bautista Álvarez, párroco de San Pedro de Pola de Siero, asegura haber recibido el anuncio del sínodo como una buena noticia, pues «cualquier plataforma de diálogo es interesante». En su opinión, la Iglesia asturiana tiene que pensar «muy seriamente» cómo «responder a las necesidades que surgen en su seno, como la escasez de sacerdotes». El párroco considera que en el nuevo siglo la institución tiene que ser «más creativa» y señala que el propio Papa insiste en ese mensaje. «La situación requiere una reflexión honda y buscar fórmulas de organización distintas».
Un mensaje similar es el que transmite Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro Apóstol de Gijón. Para él es fundamental que el sínodo aborde asuntos relacionados con «cómo se debe gobernar la diócesis o cómo presentar una curia que sea más animadora y no sólo un juez vigilante del funcionamiento de las parroquias». Gómez Cuesta pide que se analice también «cómo se atenderán en el futuro las parroquias rurales, que se están despoblando» y «qué tipo de pastoral se debe llevar en las ciudades, donde el concepto territorial de 'parroquia' está perdiendo significado».
Desde una zona más rural como es Pillarno, en Castrillón, su párroco, Daniel Fernández, pide una mejor atención a los sacerdotes y señala que, en algunos casos, un solo cura tiene que dar servicio a ocho parroquias. «Acabamos agotados y faltos de salud». Además, confía en que el sínodo tenga una importante participación del sector laico.
Roberto Marcos, cura de Ciaño, también cree necesario este papel de los laicos. «Debe estar dirigido a ellos, para que puedan comprobar el gran trabajo que se hace desde la Iglesia católica las 24 horas del día».
Por otra parte, el arcipreste del Acebo y párroco de Cangas del Narcea, Jesús Bayón Rodríguez, considera que la asamblea «es un instrumento de trabajo muy válido» y cree que los resultados dependerán en gran parte «de su utilización». En su opinión, puede ser muy positivo para unificar el trabajo pastoral de los seglares, «además de sacudir las conciencias de gentes pasivas que durante el sínodo van a participar en los trabajos».
Ser más creíbles
Amador Galán, sacerdote en Ribadedeva, señala que el sínodo «no es cuestión de adoctrinamiento sino de lograr un nuevo talante» y considera fundamental que dé respuesta a un «problema principal» como es «el de la credibilidad. La Iglesia debe hacerse más creíble y, a partir de ahí, más evangelizadora». Galán pide también «una presencia más plena y activa de los laicos, porque si no corremos el riesgo de que se conviertan en un agente de segunda categoría». Respecto a la falta de sacerdotes, señala que «tenemos que saber leer a Dios en los sinos de los tiempos, y la nueva realidad es esta escasez de vocaciones».
Otros religiosos, como Luis Álvarez, de Cangas de Onís, simplemente ven «normal» que se reformen las normas que rigen la Iglesia asturiana, «porque estamos funcionando aún con las de un sínodo de 1923». Luis López, párroco de Blimea y uno de los más jóvenes de la región, cree que la cita será «una gran oportunidad para demostrar que somos capaces de dialogar y compartir».