Lunes, 25 de septiembre de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA

JOAN LLUÍS BOZZO DIRECTOR DE DAGOLL DAGOM
«Una de mis tareas pendientes es revisitar una zarzuela»
La compañía teatral catalana, especializada en el género musical, trae un clásico al Jovellanos. 'El Mikado', «crítica de la doble moral»
«Una de mis tareas pendientes es revisitar una zarzuela»
ESPECTÁCULO. Joan Lluís Bozzo, director de 'El Mikado'. / E. C.
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LA OBRA
Título: El Mikado.

Dirección: Joan Lluís Bozzo.

Actores: Josep Ferrer, Josep M. Gimeno, Albert Muntanyola, Iván Labanda, Dulcinea Juárez, Mariona Blanch...

Teatro Jovellanos: días 28, 29 y 30 de setiembre. 20.30 horas.

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Joan Lluís Bozzo (Barcelona, 1953) dirige al grupo que representa el teatro musical por antonomasia en nuestro país, 'Dagoll Dagom'. Una opción que, según nos cuenta, «no fue premeditada, sino que surgió pasito a pasito». Veinte años después de la presentación de una obra legendaria del género, 'El Mikado', han decidido reponerla y los próximos 28, 29 y 30 de setiembre la llevarán a las tablas del Teatro Jovellanos.

-Para el espectador que carezca de noticias previas, ¿una obra que se desenvuelve en un ambiente japonés y que fue estrenada en 1885, no puede resultar un tanto remota?

-No. Es una opereta que contiene un humor muy vigente, con toques surrealistas. Y el ambiente japonés es un pretexto que empleó Gilbert en el libreto original para satirizar a la sociedad victoriana de la época.

-¿Tal vez porque no podía hacer una crítica frontal?

-Por descontado. En aquel tiempo no había internet y la cultura japonesa era una desconocida que podía servir a ese propósito. En esos años se celebró en Londres una Exposición Universal, donde se instaló un poblado japonés que sirvió de inspiración a Gilbert. Es una crítica de la burguesía protocolaria, que aquí se traslada a Japón, donde el emperador prohíbe bajo pena de muerte cualquier escarceo sexual o flirteo que no tenga fines matrimoniales.

-La otra mitad la aporta la música de Sullivan...

-Que es una música muy feliz, pero de gran dificultad interpretativa.

-¿La sociedad en la que vivimos tiene algo de 'victoriana', por decirlo así?

-Tiene mucho de hipócrita, desde luego. Se conforma con la moral de las apariencias. Esa doble moral que se atiene a lo formal y oculta los sentimientos.

-Por su parte, agregan notas de actualidad al texto. ¿Es un modo de hacerlo contemporáneo?

-Ese es un hábito que ha mantenido siempre la opereta, que es una popularización divertida de la ópera. Usamos anacronismos como el empleo de teléfonos móviles o alusiones a la Liga de fútbol, entre otras muchas notas de actualidad.

-¿La novedad que aporta la versión que traen a Asturias es la incorporación de la Orquesta Sinfónica de Gijón?

-Esa es una experiencia que nos tiene muy ilusionados. En alguna ocasión, nos han acompañado orquestas de quince músicos. Pero disponer de una orquesta sinfónica con sesenta músicos es una novedad absoluta, algo que yo no he visto jamás.

-¿Hay alguna otra diferencia con el montaje de 1986?

-Es una presentación más depurada, con un nuevo reparto. Y en veinte años, el nivel del país ha dado un gran salto adelante en los equipos técnicos. Manteniendo lo sustancial, claro está, es una obra nueva.

-Los críticos la comparan con el 'Turandot', de Puccini, del mismo modo que lo hacen con los vodeviles. ¿De cuál está más cerca?

-Participa de ambos. Puccini -el mismo lo reconoció- tomó prestada una melodía orientalizante de 'El Mikado'. Atendiendo a las dos miradas, sin embargo tiene identidad propia.

-¿Predomina lo musical o lo cómico?

-Se integran de una forma orgánica. Al principio, es el canto el que puede hacerse más evidente, pero al final el espectador termina en una continua carcajada. Es un cuerpo único que se ha de fundir de una manera inteligente.

-¿Qué peculiaridades supone dirigir a actores que además de interpretar, cantan y bailan?

-El oficio del actor musical es complejo, ha de ser algo más que un actor. Y si ocurre como en este caso, que hay diversas coreografías, 'el 'training' corporal es fundamental. Es un trabajo duro.

-¿Por qué 'Dagoll Dagom' se ha especializado en teatro musical?

-No fue una idea premeditada. Si echas la vista atrás, pareciera que lo hubiéramos decidido en el punto de partida; sin embargo, no fue así. Fue pasito a pasito que fluyó esta dedicación, a la que contribuyó un público que recibía muy bien la propuesta.

-A pesar de que -salvo por la zarzuela-, el género no poseía gran tradición en nuestro país...

-La zarzuela es nuestra opereta, parte del mismo estilo. Pero también había muerto tras la guerra civil, no se modernizó -con honrosas excepciones- y fue decayendo. Una de mis tareas pendientes es la de revisitar una zarzuela.

-¿'El Mikado' fue puesto en escena por Groucho Marx?

-Sí, hizo el papel del verdugo. En la cultura anglosajona, Inglaterra o Estados Unidos, 'El Mikado' es un clásico, que se representa en teatros y en los fines de curso de las escuelas y se canta por las calles como aquí puede silbarse 'Por la calle de Alcalá'.



 
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