La basílica del Sagrado Corazón de Jesús, popularmente conocida como la Iglesiona, tardará como mínimo otro año en reabrirse al culto religioso. Al menos ese es el plan de la diócesis asturiana, que quiere aprovechar las actuales obras de rehabilitación del templo para acometer en paralelo la limpieza y restauración de las deterioradas pinturas que decoran paredes interiores y bóvedas.
Como quiera que esta intervención no entra dentro del proyecto financiado a tres bandas por Principado, Ayuntamiento y Arzobispado, el rector de la Iglesiona ha tenido que llamar a las puertas de los benefactores privados. Fundamentalmente a las de fundaciones de mecenazgo del patrimonio artístico español, aunque también se han empezado a recaudar aportaciones de feligreses particulares. Según Julián Herrojo, la campaña para captar fondos ya está en marcha y los contactos que ha habido hasta el momento con mecenas de dentro y fuera de Asturias son «realmente prometedores».
La cantidad que necesitan las arcas diocesanas para abordar estas obras asciende a 1,1 millones de euros. En cuanto la Iglesia asturiana asegure el 50% de la financiación (550.000 euros), algo que podría suceder antes de que acabe el año, la ambiciosa actuación recibirá el último impulso que le falta.
Los trabajos, una vez que den comienzo, durarán unos ocho meses, pero antes la cubierta del templo tendrá que haber sido cambiada entera. Además, en consonancia con las dimensiones monumentales de la basílica, harán falta andamios de 27 metros de altura para actuar sobre las cúpulas.
La restauración pictórica, de la que podría ocuparse alguna de las empresas especializadas que operan en Asturias, estará sujeta a condicionantes. En lo que respecta a la pintura geométrica y floral se podrán repintar elementos, cosa que no podrá hacerse con los motivos humanos, para respetar el trabajo original de los autores.
Respecto al tiempo de más que la emblemática iglesia deberá permanecer cerrada por estas obras de restauración, Herrojo lo minimiza pensando en el resultado final. «Cuando volvamos a reabrir será en un templo en condiciones. Le vamos a devolver a Gijón una basílica resplandeciente, brillante», garantiza.
La decisión de prolongar la clausura al culto de la basílica obligará a seguir oficiando durante meses las misas diarias en el salón de actos de la casa diocesana. No obstante, permitirá agilizar la recuperación de las pinturas dañadas por las filtraciones de agua. «Se podrá trabajar a destajo, cosa que sería imposible manteniendo el templo abierto a los feligreses», señala Herrojo.
Las pinturas interiores de la Iglesiona fueron realizadas, bajo encargo de los jesuitas, por los hermanos alemanes Enrique y Guillermo Immenkamp. Ambos trabajaron con dedicación durante los años 1922 y 1923, convirtiendo con sus pinturas al óleo las paredes y bóvedas del templo en una especie de 'Capilla Sixtina' del arte gijonés.
El trabajo de estos artistas se puede observar también fuera de Asturias, en otra iglesia del Sagrado Corazón que se encuentra en Santander. Pero donde realmente los artistas teutones alcanzaron prestigio internacional fue en países como Austria, Francia y Reino Unido, por donde, además de en España, está repartida su obra.
Según los expertos, en el caso gijonés, las pinturas han logrado impregnar la decoración del edificio de un hondo sentido catequético por su gran realismo y combinación de colores. Un buen número de gijoneses de la época, según está fielmente documentado, prestaron su imagen para plasmar los santos, ángeles y madonas de los murales. Unas pinturas que al igual que el resto han perdido el brillo y la calidad originales por efecto del incendio que sufrió el templo en 1930 y por el inexorable paso de los años.
En la primera bóveda que recibe al visitante se encuentra reflejada la Iglesia romana, en cuyo seno los fieles pueden alcanzar la salvación a través de las virtudes cardinales (reflejadas en la segunda bóveda), acompañadas de la práctica de los siete sacramentos (tercera bóveda), entre los que destaca el de la Eucaristía (al que se dedica la cuarta bóveda).
El triunfo de los justos aparece recogido con majestuosidad en la pintura del ábside. En esta escena, y en un espacio de 140 metros cuadrados, están pintadas más de doscientas imágenes de santos y justos. Las paredes laterales tienen como elementos centrales, en su parte superior, dieciséis medallones con imágenes de santos y beatos jesuitas. En su parte inferior las pinturas simulan un almohadillado, a excepción de la que sirve de fondo al altar de la Virgen de Covadonga, presidida por el paño de la glorificación de la Inmaculada Concepción, recientemente restaurado con óbolos (donativos) particulares.