«Las personas que sufren trastorno bipolar se encuentran en clara desventaja en términos de salud en general. Sufren importantes riesgos, diferentes a lo relativo a la salud mental». Así de claro se mostró el catedrático en Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, Julio Bobes. Por eso, durante la conferencia 'Patología física y acceso a los servicios de salud', que ofreció ayer en el Centro Municipal Integrado Pumarín Sur, en un acto organizado por la Asociación de Bipolares de Asturias, no dudó en pedir a los médicos de familia «mayor apoyo a la hora de tratar las enfermedades que acompañan a este problema».
Bobes explicó que los médicos «estábamos tan centrados en el aspecto psiquiátrico, que despistamos su salud general. Estos pacientes sufren enfermedades físicas que, si su médico de familia no supiese que es bipolar atendería, pero que, de este modo, achaca a la enfermedad». La situación supone un «gran problema», ya que en este tipo de personas el riesgo de padecer trastornos metabólicos, como la obesidad o el colesterol, y cardiovasculares se multiplica, afirmó.
En muchos casos, esto se relaciona con su conducta: «Durante la fase de depresión, pasan por la evitación social, la tendencia al aislamiento y a la hipoactividad, que les provoca un aumento de peso. En la fase opuesta, tienen conductas desinhibidas, como el abuso de sustancias, y aumenta el riesgo de hepatitis, sida o mala alimentación». Por esta razón el 39,5% de los españoles que padecen esta enfermedad están obesos, el 38% tiene colesterol, el 15% hipertensión, el 6% diabetes (justo el doble de lo habitual) y el 17% enfermedades relacionadas con los lípidos.
Sin embargo, y a pesar de estos datos, los bipolares son sólo un 2,17% de la carga asistencial de los centros de salud mental. «Es muy importante estar cerca del que distribuye y gestiona los recursos sanitarios. Según la presión que se hace, se recibe una mayor atención», afirmó Bobes. Además de estos problemas, las personas que padecen trastorno bipolar «ven reducida su vida laboral en 14 años y sus problemas laborales y conyugales se doblan». Por esta razón, es de vital importancia la «psicoeducación de pacientes y familiares».