Los asesores del presidente George W. Bush trabajaron toda la madrugada del lunes para que a primera hora el inquilino de la Casa Blanca contestara al desafío nuclear de Corea del Norte con un discurso televisado a toda la nación. «Una vez más, Corea del Norte ha desafiado a la comunidad internacional, y la comunidad internacional responderá», prometió.
Bush, que antes del anuncio dijo haber sostenido conversaciones con los líderes regionales -China, Rusia, Japón y Corea del Sur-, calificó la actuación del Gobierno de Pyongyang de «inaceptable» y advirtió de que merece «una respuesta inmediata por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas», donde ayer se negociaba ya un borrador con sanciones.
El presidente estadounidense puntualizó que su Gobierno aún intenta confirmar el anuncio norcoreano de que ha llevado a cabo pruebas nucleares, pero insistió en que la declaración por sí misma constituye «una amenaza a la paz y la seguridad internacional», palabras clave que permiten activar el capítulo VII de la Carta de la ONU para tomar medidas.
Fuentes de los medios estadounidenses en el Pentágono situaban ayer la explosión sísmica detectada en el país comunista como «muy pequeña, por debajo de un kilotón, o sea, varios cientos de toneladas explosivas», dijo la cadena CNN. Tan pequeña que puede resultar imposible establecer si fue causada por energía nuclear o por explosivos convencionales. Los análisis para determinarlo tardarán varios días, y puede que nunca se obtenga una conclusión definitiva.
Sin necesidad de confirmarlo, el embajador de EE UU, John Bolton, se dirigió ayer al Consejo de Seguridad en sesión a puerta cerrada para pedir sanciones contra Pyongyang. Bolton salió entusiasmado del encuentro que calificó de «extraordinario», porque según dijo a los 15 miembros del Consejo sólo les llevó 30 minutos consensuar su condena de rechazó unánime. «Nadie ha estado ni cerca de defender a Corea del Norte», aseguró. En ese tiempo incluso se convocó al Consejo a una nueva reunión celebrada ayer mismo en la que ya se empezó a discutir el borrador de EE UU.
Según la agencia Associated Press, que dice haber tenido acceso al mismo, en él se contempla el embargo de todo tipo de materiales que puedan ser usados con fines militares, así como el de bienes de lujo, y se estipula el poder de Naciones Unidas para inspeccionar todos los barcos que entren o salgan del país. Los expertos consideran estas medidas como una extensión internacional de las que ya aplica Washington.
La preocupación estadounidense no se limita a que un país tan impredecible se haya sumado al selecto grupo de ocho o nueve que poseen armas de destrucción masiva, sino al hecho de que su desesperación económica le lleve a vender su nueva tecnología a otros países o incluso a grupos terroristas. De ocurrir así, «consideraremos a Corea del Norte totalmente responsable de las consecuencias que tengan tales acciones», amenazó Bush.
Críticas de la oposición
La determinación del presidente norteamericano de imponer sanciones a través de la ONU fue apoyada por la clase política, sin que ello evitase duras críticas por parte de la oposición e incluso sugerencias de abrir conversaciones directas por parte de su propio partido. Para el senador y ex candidato presidencial John Kerry, que algunos creen volverá a presentarse a las próximas elecciones por la Casa Blanca, las pruebas nucleares de Corea del Norte representan «el escandaloso fracaso de la política exterior» de Bush. «Mientras estábamos atascados en Irak, donde no hay armas de destrucción masiva, un loco parece haber probado la máxima arma de destrucción masiva», declaró.
El demócrata no es el único que relaciona la nueva amenaza mundial con la invasión de Irak. Mike Chinoy, experto en Corea del Norte en la organización Pacific Council on International Policy, asegura que los líderes del país comunista le han dicho abiertamente que «si Sadam Hussein hubiera tenido armas nucleares seguiría en el poder, y nosotros no vamos a pemitir que eso le ocurra a Kim Jong-II».