Enrique de Santiago es secretario general del Comité de Ayuda al Refugiado de España y miembro de la presidencia federal de Izquierda Unida. Ayer ofreció una conferencia sobre 'Cayucos y pateras: la tragedia de la inmigración', organizada por la Sociedad Cultural Gijonesa-
-¿La inmigración es el principal problema en materia de políticas sociales?
-Lejos de ser un problema es una oportunidad para las sociedades desarrolladas de garantizar el crecimiento económico y el mantenimiento del estado del bienestar. Si no fuera por los trabajadores extranjeros que llegan para pagar impuestos y cotizar a la Seguridad Social sería imposible mantener el sistema de transferencias que garantiza que todos los ciudadanos españoles y europeos puedan cobrar sus pensiones de jubilación.
-¿Se puede poner freno a los flujos migratorios?
-Se autorregulan por sí mismos, es decir, van hacia aquellos lugares donde hay garantías de acceder a puestos de trabajo. Ahora toca España, pero no sé en un futuro.
-¿Se resienten más las economías de los países de origen?
-Sí, porque los que abandonan no son los más pobres o los de más bajo nivel cultural. Se van las personas que están más capacitadas están para sacar a sus países del subdesarrollo.
-¿Cuál sería la solución?
-Los sistemas que regulan son de imposible cumplimiento. La propia ley de extranjería establece unos mecanismos que hacen prácticamente imposible la llegada de trabajadores extranjeros de forma legal. Si las mercancías pueden pasar libremente las fronteras, ¿por qué no también las personas?
-¿La alarma social creada está justificada?
-No, toda la inmigración ilegal que ha entrado en las Islas Canarias en lo que va de año, entra en sólo un mes por el aeropuerto de Barajas o por la frontera de la Junquera. Pero no alarma la inmigración, sino la pobreza.
-Defina la política en inmigración llevada a cabo desde el Gobierno.
-Ni el PP ni el PSOE han sabido ir más allá de las políticas de alarma. Sólo se ocupan de entradas o salidas, no de la convivencia.