Lunes, 16 de octubre de 2006
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GIJÓN

AL AIRE
Hablar
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PUEDE que sea cierto que hablar se transforme en no pocas ocasiones en sinónimo de cometer indiscreciones sin que nos tienten, arrastrados por un impulso sin propósito. Puede también que no habláramos tanto si fuéramos conscientes del poco o nulo caso que hacemos a los demás cuando son ellos quienes hablan. Es posible, en fin, que enmudeciéramos si tuviésemos oportunidad de escuchar las tonterías que somos capaces de proferir en el transcurso de nuestras conversaciones. Y es que, según pensamos Alejandro Dumas y un servidor, por bien que uno hable, si habla en demasía, acaba diciendo necedades.

Las tres posibilidades mentadas conducen a esta afirmación: los grandes habladores son como los vasos vacíos, que hacen más ruido que los que están llenos. Vale. Pero el caso es que, gracias sobre todo a los grandes vasos de sidra y a los pequeños culinos que contienen, este escribidor suele recorrer esos templos de la facundia llamados sidrerías en pos de la captación de comentarios que luego transcribe en aquesta columna. Así que, ¿hala!, a seguir hablando hasta por los codos, para que uno pueda incluso seleccionar los fragmentos más enjundiosos de las charlas de chigre. Cual es el caso de este par, en prosa y en verso:

«-Creía haberlo oído todo en la furibunda cruzada contra el tabaco, hasta que el otro día una tía-abuela que mea agua bendita, me dijo en la sobremesa de una comida familiar que los fumadores iríamos de cabeza al infierno.

-Pues creo que el infierno católico ya no existe ¿Qué le dijiste tu?

-Lo que suelo en estos casos de intransigencia fanática: le aticé al farias y solté una gran bocanada de humo; o sea, que di la 'calada' por respuesta. Ella, cabreada, añadió que ojalá que en el infierno estuviera prohibido fumar».

«-Preferible es no pensar, / ser uno más, del montón / hasta la última morada, /que, como dijo Platón: / 'Solo sé que no sé nada'. / Polvo, cenizas o barro, / tal será nuestro final. / No te comas, pues, el tarro, / sé un poco más animal -cantóle Pixín el Rapero a Monchu el Liras, que le respondió de esta guisa:

-¿Cómo tú, noble jumento? / Fue Sócrates, no Platón, / el autor del pensamiento, / sobredosis de razón.

-Pues ni eso yo sabía. / Y amo la Filosofía, / una ruta que conduce / de nada a ninguna parte, / que hace del pensar un arte / y en la oscuridad reluce -concluyó Pixín».

 
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