Cincuenta años dedicados al folclore asturiano. Los miembros de la agrupación artística Aires de Asturias cumplen este año sus bodas de oro. Una efeméride marcada por la nostalgia, la hermandad y el empeño por mantener las costumbres asturianas, que tendrá su colofón el próximo sábado, 21 de octubre, con una cena en la que se homenajeará a los fundadores del grupo: Luis Alonso y Ana María Piñera. A pesar del medio siglo trascurrido, ambos siguen al pie del cañón dirigiendo la agrupación que «vivió su época de esplendor en los años ochenta, pero que aún hoy continúa con una actividad muy viva», apunta el fundador. Tal es así, que durante esta semana han estado inmersos en el rodaje de la película 'Luz de domingo', de José Luis Garci, y preparan su actuación del próximo viernes en Oviedo durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Un ritmo vertiginoso, sin ningún ánimo de lucro, que se sustenta con el empeño que ponen sus integrantes para seguir haciendo lo que más les gusta: bailar.
Los comienzos de Aires de Asturias se remontan a 1956, cuando el matrimonio formado por Luis Alonso y Ana María Piñera -procedente del grupo de baile de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo- fundan una nueva agrupación en el Hogar del Productor de Ceares. En plena posguerra, bailar era una de las pocas actividades lúdicas a las que podían acceder los gijoneses. Comenzaron los ensayos, las actuaciones y los viajes. En pocos años, la agrupación pasó a ser una de las más conocidas de la región. «Somos la de más antigüedad», puntualiza Luis Alonso.
En los años ochenta, con tres décadas de experiencia a sus espaldas, comienzan a viajar al extranjero llevando la bandera de Asturias por todo el mundo. En 1988 se trasladan a Nueva York para desfilar por la Quinta Avenida junto a Vicente Álvarez Areces, por aquel entonces alcalde de Gijón. Repitieron la misma experiencia en 1992, pero sin el presidente del Principado. «Es una experiencia única, que se repite muy pocas veces en la vida; no hay palabras para definir las sensaciones que te produce el que te miren cinco millones de personas», señala el fundador. En ambas ocasiones cruzaron el charco de la mano del promotor musical asturiano Aquiles García Tuero, encargado de gestionarles las actuaciones en Estados Unidos.
En el año 1987 viajaron a Alburquerque (Nuevo México). Actuaron en la universidad, bailaron con tribus indias e incluso «nos pedían autógrafos», señala Luis Alonso. En aquella ocasión, el viaje fue sufragado íntegramente por Pérez Simón, multimillonario empresario llanisco emigrado a México que inauguró el pasado verano su colección de arte en el museo Thyssen Bornemisza de Madrid y atracó su lujoso yate en aguas del puerto deportivo de Gijón. «Tenemos una estrecha relación con él. Casi todos los veranos vamos a su finca de Llanes a bailar e incluso nos llamaron para varias celebraciones familiares», explica el director del grupo.
Una larga ruta de viaje
La ruta de viaje de Aires de Asturias se escribe en decenas de hojas. Holanda, Alemania, Francia, Italia, Austria, Washington, Portugal, África... Además de cada uno de los rincones del territorio español donde los han requerido. «Ahora ya no viajamos tanto como antes; hemos tenido que rechazar bastantes viajes porque no podemos compatibilizarlos con el trabajo», apunta el gaitero Aitor García, que lleva 20 años formando parte de la agrupación. El joven, de 26 años, considera que las nuevas generaciones «están perdiendo la afición por el folclore porque hay una gran variedad de posibilidades que antes no teníamos. Cuando yo era pequeño era sólo jugar al fútbol o apuntarte a baile regional, pero ahora hay todo tipo de cosas que hacer en el tiempo libre».
Pero no todo son actuaciones estelares en sitios idílicos. El grupo folclórico Aires de Asturias lleva a cabo, sin hacer ruido, labores humanitarias. «Visitas a hospitales, a niños enfermos o a centros de enfermos mentales, como aquella visita a la Cadellada, que nos marcó profundamente, un día de Nochebuena en los años 70; salimos todos con los ojos empañados en lágrimas por lo que vimos y ni siquiera pudimos celebrar la Navidad», recuerda Luis Alonso, que dejó de bailar hace 20 años, pero sigue siendo el motor del grupo. Los integrantes ensayan dos veces por semana en el colegio público Laviada. En su medio siglo de historia han tenido numerosos locales sociales. «El Hogar del Productor de Ceares, el Hogar del Pescador del Muelle, el mercado San Agustín, la Sindical y un local en la avenida de Portugal, del que nos tuvimos que ir porque nos denunciaron los vecinos por el ruido», relata Luis Alonso. Aires de Asturias cuenta, además, con una «delegación» en Villaviciosa, con aproximadamente 25 integrantes. La de Gijón tiene en torno a una veintena. «De los que empezamos sólo quedamos dos: mi mujer y yo», señala Luis Alonso.
La agrupación folclórica se mantiene gracias a los beneficios obtenidos en actuaciones y la subvención que reciben del Ayuntamiento de Gijón. Los integrantes no perciben ningún ingreso. El vestuario corre de su cuenta: un traje de hombre y tres de mujer (asturiana, llanisca y de faena).
En cuanto a la forma de bailar, el gaitero Aitor García lo tiene claro: «bailamos los mismos bailes de antes, no hacemos baile nuevo porque se trata de conservar las tradiciones, no de inventar danzas nuevas que desvirtúen lo que es el folclore en sí».
Aires de Asturias escribe en renglones de oro sus cincuenta años de historia. Una vasta y extensa trayectoria que aún tiene carrete para rato. De momento, acaban de editar un disco conmemorativo de sus cincuenta años, que lleva por título el nombre de la agrupación.