El número 76 de la avenida de la Costa está declarado desde hace meses en ruina. Todo el voladizo del edificio está apoyado con puntales. Una constructora, Fercavia, ha adquirido el inmueble para derribarlo y construir una nueva promoción de viviendas en pleno centro de Gijón. Hasta ahí todo normal, salvo por los carteles que advierten a los viandantes de la precaria situación del deshabitado edificio. Se trata de unos carteles bien visibles que en unos casos incluyen el número de expediente de la licencia municipal de derribo y en otros incluso invitan a los peatones a cambiarse de acera.
Esta novedosa señalización la ha puesto Fercavia, según fuentes de la empresa, en cumplimiento de una previsión recogida en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para los edificios declarados en ruina. Sin embargo, el concejal de Urbanismo, Jesús Morales, discrepa de esta medida y dice que «con los andamios y las medidas de seguridad al uso es suficiente».
La historia del edificio en cuestión, al menos en lo que respecta a sus cimientos, es centenaria, aunque el Ayuntamiento no le concede ningún valor patrimonial, pues no forma parte del catálogo municipal de edificios históricos. Cuando en 1942 el panadero gijonés Ramón Viñes lo compró tenía bajo y primer piso. En los años posteriores el propietario decidió su recrecido con tres plantas más.
En la década de los setenta todos los inquilinos que vivían de alquiler en el edificio compraron sus respectivas viviendas y acometieron la restauración de la fachada. Esta obra hizo que el inmueble mejorara su aspecto externo y ocultara prácticamente hasta nuestros días sus miserias interiores. Unas miserias que tienen mucho que ver con el deterioro y apolillamiento de las vigas de madera, el material que predomina en la vetusta construcción en escaleras y desvanes.
La empresa que tiene en propiedad el edificio de la avenida de la Costa asegura que su imagen «es equiparable a la de una persona que se haya hecho un 'lifting', porque no aparenta los daños estructurales que tiene por dentro».
Pleito judicial
La declaración de ruina en firme no ha estado, sin embargo, exenta de dificultades. La constructora llegó a acuerdos con los vecinos, pero no logró convencer a uno de los arrendatarios de los bajos comerciales al que le vencía el contrato. La panadería El Hornín hizo pronto las maletas, pero Congelados Basilio recurrió su desalojo por desperfectos irreparables hasta que un juez dio la razón a la constructora y decretó la ruina técnica. Todo ello le permitió ganar unos meses, aunque a finales del pasado mes también esta firma abandonó el local.
Entre los planes de Fercavia, una vez que el inmueble sea derribado, está construir otro nuevo con un diseño moderno al que añadirá un altura más. Así la promoción de viviendas resultante tendrá bajo, más cinco pisos y bajocubierta.