La Unión Europea y Rusia convinieron en la cumbre informal celebrada ayer en la localidad finlandesa de Lahti en desarrollar una colaboración amplia en temas energéticos y otras materias de interés estratégico, aunque la definición y el alcance de esa cooperación quedó pendiente de negociaciones que se acometerán a partir de noviembre, cuando ambos bloques celebren una conferencia bilateral que está programada desde hace meses.
La esperada -por insólita- reunión de la totalidad de los miembros del Consejo Europeo con el presidente ruso, Vladímir Putin, al término de una reunión informal de los líderes comunitarios, no aportó ninguna luz a las incógnitas que gravitan sobre la colaboración de los dos grandes bloques económicos, como no sea la voluntad, explicitada por ambas partes, de negociar acuerdos «que aporten soluciones conjuntas a nuestros problemas comunes», dijo Putin al término del encuentro, parafraseando -según confesó- a Jacques Chirac.
Haciendo gala de la frialdad y la capacidad dialéctica que le caracterizan, Putin volvió del revés toda la argumentación europea que ha caído sobre Moscú estas últimas semanas, a cuenta de la impermeabilidad de sus mercados extractivos o comercializadores, y de otras cuestiones de política exterior, como la crisis georgiana.
Los europeos han venido reprochando al Kremlin que su considerable dependencia de los suministros rusos de energía justifica una mayor apertura de los mercados hacia ese país y, sobre todo, garantías, tanto de suministro como del marco jurídico en el que éstos deberían desarrollarse, según la UE. De ahí las demandas europeas de que Moscú suscriba la Carta Europea de la Energía, que los socios comunitarios negociaron durante años a comienzos de los años noventa.
Putin, en la conferencia de prensa con la que concluyó el encuentro, dio la vuelta a esa argumentación, y a muchas otras, demostrando con ello lo que ya se sabe: que es un maestro de la retórica. «Si el 67% del total de las exportaciones de gas de Rusia van a parar a la Unión Europea, queda claro para mí que es el proveedor quien depende de su mercado, y no al revés», dijo el presidente ruso, para reclamar, inmediatamente después, de los europeos lo que éstos le exigen a él: transparencia y estabilidad.
José Manuel Barroso, presidente de la Comisión, ponía el énfasis en la necesidad mutua de Rusia y de la Unión, y abogaba por un «entendimiento que nos permita beneficiarnos ambos de nuestra interdependencia. Debemos aumentar la confianza mutua y la transparencia, mejorando las condiciones de acceso a los mercados, aunque no sólo de la energía, sino de otros muchos sectores, un principio éste que fue asumido en la cumbre del G-8 de San Petersburgo».
A la defensiva
El jefe del Kremlin revocó asimismo las críticas de proteccionismo que le han sido formuladas por las acciones contra Shell en la península de Shajalin, y porque Gazprom, el gigante gasista ruso, haya rechazado inversión extranjera en el nuevo yacimiento de Stokman. «En Shajalin ha habido problemas medioambientales, que a nosotros nos preocupan. Lo mismo han hecho los norteamericanos con Alaska. Y en Stokman lo que ha pasado es que las ofertas de colaboración formuladas por capital exterior para la explotación del yacimiento no estaban a la altura de su riqueza. Es tan valioso que no han contrapartida posible, de modo que hemos decidido explotarlo por nosotros mismos», señaló Putin.
Las preocupaciones europeas por la crisis georgiana fueron despachadas por el presidente ruso en términos equivalentes: «Lo que allí sucede es que algunos pueblos del Cáucaso se llevan muy mal, y el Gobierno de Tiflis ha considerado la posibilidad de resolver la situación, restaurando la unidad territorial, mediante un baño de sangre. Afortunadamente, parece que están cambiando de actitud».
Tras el encuentro de ayer, las negociaciones par el nuevo acuerdo de cooperación entre Rusia y la Unión Europea adquieren mayor relevancia. Putin dijo estar abierto a todas las opciones, incluso dispuesto a ratificar la Carta Europea de la Energía, aunque «adaptada a las conveniencias de todos los firmantes», manifestó, dando a entender que, en su actual formulación, el documento no es admisible para Moscú.