Aunque a veces parece pasarse por alto, entre el pesimismo nitzscheano de la Generación del 98 y el luminoso vanguardismo del 27, entre el desastre de Cuba y el advenimiento de la II República, hubo vida intelectual en España. Una valiosa generación de profesores, artistas y escritores, nacidos en torno a la década de los ochenta del siglo XIX, se esforzó entonces por modernizar la vida pública del país. Sus nombres: José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Luis Araquistain, Salvador de Madariaga, Manuel Azaña o Eugenio D'Ors. Su intención: ponerse a la altura de Europa, regenerar el sistema educativo e intervenir en la sociedad de una manera activa.
El profesor Manuel Menéndez Alzamora estudia en su libro 'La Generación del 14: una aventura intelectual' (Siglo XXI) la trayectoria de este grupo que Giménez Caballero definió como «reformista, neokantiano y europeizante». Según Menéndez Alzamora, todo comienza cuando «unos jóvenes de parecida edad, extracción social, formación y coordenadas ideológicas coinciden en el manifiesto interés de renovar la vida pública española».
Dos son los autores que, en un primer momento, ejercen una mayor influencia sobre el grupo: Joaquín Costa y el Unamuno de 'En torno al casticismo'. Del primero heredan la certeza de que la regeneración del país pasa necesariamente por la educación. Del segundo, la necesidad de ventilar la asfixiante vida nacional abriendo las ventanas que dan a Europa. El 23 de febrero de 1908 nace la primera publicación en la que se advierte el espíritu del nuevo grupo. Se llama 'Faro' y, durante su año de vida, editará cincuenta y cuatro números. En 'Faro' escriben, entre otros, Ortega, Cristóbal de Castro, Enrique de Mesa y Pérez de Ayala. A 'Faro' le sucede la revista 'Europa', surgida en febrero de 1910. Dirigida por Luis Bello, la publicación tiene entre sus colaboradores a miembros del grupo del 14 y maestros del 98 como Baroja y Valle-Inclán. En sus páginas queda reflejada la deriva de los más jóvenes hacia un lerrouxismo de corte escasamente idealista.
Ese mismo año se funda Joven España, una asociación de jóvenes intelectuales, en su mayoría ateneístas. Además de Ortega y Pérez de Ayala, en sus filas encontramos a gente como Ramón Gómez de la Serna, Augusto Barcía, Fernando de los Ríos o Tomás Álvarez Angulo, quien describirá así el origen del grupo: «Se trataba de formar una especie de Liga de los derechos del hombre, un conjunto de inteligencias brillantes para difundir por doquier los progresos de las teorías revolucionarias».
Regeneración política
El 23 de marzo de 1914 se lleva a cabo un acto que tiene mucho de fundacional: Ortega pronuncia en el Teatro de la Comedia una conferencia titulada 'Vieja y nueva política'. En ella el filósofo realiza un diagnóstico de la situación del país y prescribe un tratamiento. Para Ortega, la Restauración es un régimen fantasma en el que funcionan «unos ministerios de alucinación». La vacuna sólo puede ser de naturaleza intelectual: «Es menester que nuestra generación se preocupe con toda consciencia, premeditadamente, orgánicamente, del porvenir nacional. Es preciso, en suma, hacer una llamada enérgica a nuestra generación». Esa llamada había tenido lugar en octubre de 1913 y había provocado la formación de la Liga de Educación Política Española. Bajo la presidencia de Ortega se reunieron noventa y nueve intelectuales, entre los que estaban Manuel Azaña, Américo Castro, Salvador de Madariaga, Ramiro de Maeztu, Antonio Machado y un jovencísimo Pedro Salinas.
La Liga apenas obtiene resultados prácticos, pero supone la confirmación del interés del 14 por regenerar, desde la cultura, la vida política española. Su espíritu es recuperado un año después por la que será la publicación más importante llevada a cabo por un grupo de intelectuales que vivió volcado en la prensa: la revista 'España'. En la redacción de 'España' coinciden Ortega, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Pérez de Ayala, Luis de Zulueta, Martínez Sierra, Eugenio D'Ors y Juan Guixé. Entre los colaboradores están Manuel Azaña, Luis Bello, Jacinto Benavente, Díez Canedo y Valle Inclán. Las ilustraciones corren a cargo de Romero de Torres, Penagos, Ricardo Baroja y Bagaría.
'España' se aleja una vez más de la influencia de los partidos políticos pero se posiciona con firmeza en los asuntos públicos. Ante el estallido de la Gran Guerra, se declara aliadófila y mantiene un sonado enfrentamiento con el germanófilo 'ABC'. La revista rehuye el casticismo y combina los contenidos políticos con los temas sociales y culturales. Los tres directores que llegará a tener 'España' (Ortega, Araquistain y Azaña) consiguen hacer una publicación moderna, cosmopolita y de gran calidad.
En la década de los veinte, 'España' se diluye frente al empuje de nuevas publicaciones como 'El Sol' o 'La Revista de Occidente', donde se irán desperdigando las firmas de muchos miembros del 14. Con la llegada de la II República, el ambiente político se crispa y las ideologías van ganando la partida a las ideas. Araquistain y de los Ríos escoran hacia la izquierda, D'Ors hacia la derecha y Azaña y Ortega hacia distintas clases de liberalismo. Poco después, irrumpe el 27 con sus versos despreocupados y futuristas. La guerra civil y el exilio serán el golpe definitivo para un grupo intelectual forjado en las universidades y diseñado para operar en ámbitos democráticos.