Vaya guapo que quedó». Francisco Cifuentes y Amador Fernández sentenciaban levantando la cabeza para mirar sobre la valla del colegio Salvador Vega Berros, con el exterior recién asfaltado y la fachada rehabilitada. No todos los días pisa la realeza el suelo de Sariego, y hay que mostrarle la mejor cara. El alcalde no despega el móvil de la oreja, las asociaciones no dejan de ir de acá para allá para ultimar los detalles, y cada vecino se involucra a su manera, con todo el trabajo que puede dar.
Porque aquí todo el mundo está orgulloso de su tierra, y no puede quedar una esquina deslucida, no vaya a ser que el pueblo quede en mal lugar. Lo de ejemplar ha de ser por algo. Calles arregladas, pintura en la carretera, fachadas limpias o nueva imagen en el polideportivo, donde se celebrará la comida con el Príncipe Felipe, no se escatiman tiempo ni esfuerzos para ponerse al día. Y después está la implicación de cada uno en la recepción.
Amador Fernández, de La Rimá, estará mañana cabruñando una guadaña en una exhibición para Su Alteza Real. Si pudiera hablar le diría: «Estoy muy satisfecho de verle aquí, en un pueblín en que la gente está muy unida y hay bastante actividad».
Igual de encantado está Francisco Cifuentes, de Barbechu, conocido como 'Paquito el del agua', porque fue operario del Ayuntamiento y en su día estuvo en sus manos reparar cualquier avería del municipio (esperemos que hoy no haya que requerir sus servicios). Según dicen todos los que le rodean, es un hombre que siempre está dispuesto a trabajar por el pueblo. Y lo hará en la visita real, en su caso participando en la esfoyaza. Lo que más asombra a Francisco es el movimiento que genera don Felipe. «Es increíble que una sola persona pueda movilizar a tanta gente», dice. Y como todos los sareganos, espera que el tiempo se porte. «Con que no llueva es suficiente», apunta.
Por su parte, Marta Parajón, de Moral, es miembro del grupo folclórico Pozu Salau, que bailará mañana en honor de tan ilustre visita, y además una de las defensoras más apasionadas que se conocen de su tierra. «Nací en Sariego y quiero morir aquí, siempre lo dije», afirma rotunda.
Recuerda que el día que se dio la noticia de que Sariego había ganado el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias estaba en casa de una amiga y se puso muy contenta, «empecé a dar saltos y todo; estoy muy orgullosa de ser de Sariego». Su ilusión sería poder saludar al Príncipe, «por lo menos darle la mano».
Si no lo consigue, al menos tendrá la ventaja de estar en primera línea bailando. Ella es «muy saregana», y el premio es algo especial. «Estoy tan contenta como si me lo hubieran dado a mí», asegura.
Con experiencia
Con el mismo orgullo aunque con mucha más tranquilidad se toma Andrés Álvarez, de Vega, la concesión del premio. Pasa por el medio de la capital del municipio con unas cuantas vacas que tiene para entretenerse, y echa la vista a uno y otro lado. «Tengo que venir a trabajar algo», dice. Aún no sabe qué le tocará, pero sabe que algo le va a tocar, porque él también quiere colaborar. Ya sea cabruñar, segar o 'esfoyar' maíz, tiene experiencia suficiente para cualquier trabajo.
El premio lo ha recibido con mucha alegría. «Es una buena cosa para el concejo, para que nos conozcan un poco más. Esta es una zona muy guapa, estamos muy bien comunicados. No sé por qué la gente no sabe de esto», se extraña, aunque está convencido de que «el día que lo sepan igual tenemos que echarlos a todos fuera de toda la gente que va a haber».
Mural en el colegio
Otra cosa es la forma de disfrutar del galardón que tienen los niños del municipio. El colegio Salvador Vega Berros se ha volcado con el acontecimiento, y el hecho de que el Príncipe vaya a visitar el centro mañana ha provocado toda una revolución.
En primer lugar, alentados por los profesores, los niños han realizado varios trabajos. El más llamativo, un mural que reza 'Sariego Pueblo Ejemplar', como no podía ser menos, y en el que aparece todo el territorio municipal trasladado al lenguaje pictórico de los pequeños. Ellos, por su parte, hicieron dibujos individuales en los que siempre aparecía la Infanta Leonor. Pero con una particularidad. Todos le sumaban años para acomodarlos a sus propias edades, quizá para imaginarse jugando con ella.
Seis de los artistas que pintaron el mural, Paula Prado, Pedro Castro y Adrián Revilla, de tres años, y Sergio Palacio, Israel Fonseca y Carla Llaneza, de seis, mostraban ayer con orgullo su trabajo, y deseaban poder saludar al Príncipe. Israel dice que va a brindar «con sidra dulce» en su honor, Adrián, que tiene «muchas ganas de verlo», y Paula, Pedro y Carla, que quieren darle «besos y abrazos».
Más explícito se mostró Sergio, que no sólo mostró su intención de darle un beso al Príncipe, sino también «a todos los demás». Y además mostró su devoción por la realeza al recordar que «en casa tenemos una xata que se llama Leonor».
Tres años
Todos ellos formarán parte hoy del enorme comité de recepción en que se convertirá el pueblo de Sariego. Como dijo Marta Parajón, «nos lo merecíamos después de tres años». El pueblo quedó en dos ocasiones finalista, y parecía que el galardón no iba a llegar nunca. Por eso se vive con más emoción y alegría el premio.
No hay que olvidar que lo que decantó al jurado a favor de Sariego es el hecho de que su gente tenga tantas inquietudes, que las asociaciones trabajen con tanto desinterés, y que el pueblo se vuelque siempre con cada actividad, como seguro hará mañana, uno de los grandes acontecimientos de los últimos años. Y aun así, lo más seguro es que prevalezca el espíritu de superación de toda la gente del pueblo, que seguramente no se conformará con haber llegado hasta aquí. Como bien dijo Amador Fernández entre martillazo y martillazo, «hay que seguir trabajando; no por ganar un premio nos vamos a quedar de brazos cruzados». «