«Aún no hay cura para el lupus, porque todavía no conocemos su origen, pero el futuro es brillante y esperanzador». Graham Hughes, el médico inglés que en 1983 descubrió el 'síndrome antifosfolípido', transmitió un mensaje de optimismo a los miembros de la Asociación de Lúpicos de Asturias que ayer le entregó su premio científico. Un galardón sin aportación económica, pero cargado «de gratitud». El colectivo reconoce con él la labor de las personas o entidades que contribuyen a la investigación de esta enfermedad autoinmune, todavía desconocida socialmente, pero con una incidencia mayor que «la leucemia o la esclerosis múltiple».
Pese a que «aún queda mucho por hacer», Hughes se mostró optimista por los avances que se han producido en los últimos años. El más importante, aseguró, el descubrimiento del 'síndrome antifosfolípido' conocido como 'síndrome de la sangre pegajosa', que ha permitido «distinguir entre enfermedades lúpicas y trombóticas y, por tanto, en los tratamientos que deben aplicarse». No es el único avance que permitió a Hughes y a su compañero de la Unidad de Lupus, el investigador Munther Khamashta, lanzar un mensaje de esperanza.
El interés de la industria farmacéutica por la enfermedad hace, según Khamashta, que se «esté viviendo una auténtica luna de miel». El apoyo de las farmacéuticas supondrá «financiación para investigar» y, sobre todo, la salida de «medicamentos específicos» para tratar esta patología.
¿Cuándo estarán disponibles? Según Hughes, recientemente han salido «cinco nuevas drogas para el lupus». Sin embargo, de momento, sólo dos están disponibles y una de ellas, «limitada, por su elevado precio, a pacientes muy graves, en los que otros tratamientos han fracasado». El horizonte para la comercialización de los otros tres, según el investigador, se situaría entre «uno y cinco años». Los progresos no sólo se deben a estos nuevos fármacos, sino a una aplicación «más racional, con dosis más bajas» de los que ya existían, puntualizó.
Diagnóstico y genética son las otras dos líneas de trabajo en las que se ha avanzado. La detección de esta enfermedad, que ataca fundamentalmente a la población femenina -nueve de cada diez casos- y en franjas de edad joven -entre los 15 y los 35 ó 40 años-, no es sencilla. Por eso, Hughes insiste en que el primer y principal paso es la educación: «Hay que enseñar no sólo a los profesionales, sino a los estudiantes de medicina a que piensen en lupus. No se debe esperar a que aparezca un problema cutáneo para pensar que se trata de la enfermedad, sino que se deben atender a otros síntomas, como dolores de cabeza o pérdida de pelo». Esa es la clave, matiza, porque una vez detectado, «las pruebas diagnósticas están al alcance de todos los hospitales y centros de salud, y en dos horas se pueden realizar análisis de sangre rápidos».
Los estudios para descubrir el gen que puede estar detrás de esta patología también permiten ser optimistas. Hughes, sin embargo, se mostró poco partidario de los tratamientos con células madre hasta que «mejore la tecnología». «La idea es válida, pero la toxicidad y mortalidad son altas y, al tratarse de pacientes muy jóvenes, no se puede justificar un tratamiento que aún no está bien establecido en la enfermedad lúpica», matizó.
Temas pendientes
La consejera de Bienestar Social, Laura González, que entregó el premio, también recibió alabanzas y peticiones. La presidenta de la Asociación Lúpicos de Asturias, Nélida Gómez, reconoció el esfuerzo realizado por el Principado y aplaudió la puesta en marcha de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes del Hospital Central. Sin embargo, recordó que hay una serie de cuestiones, como los tratamientos fotoprotectores o la discapacidad de los pacientes afectados por el lupus, que aún no se han atendidos. En este sentido, hizo un llamamiento a los médicos para que «hagan constar en sus historias clínicas los problemas que tienen estos enfermos para realizar determinadas tareas».