Fue el origen del universo de la Laboral. Antes de que el teatro anunciara su proyección, de que el hotel disparara la polémica, de que la Universidad tomara posiciones, antes, incluso, de que la genialidad de Luis Moya admirara a técnicos y arquitectos, antes de todo, antes que nada, estaba el hoy denominado Centro de Arte y Creación Industrial, el primer gran objetivo del Gobierno asturiano para ubicar en las instalaciones de la Laboral y en el que tiene puestas todas sus esperanzas de éxito.
Dicen que es la joya de la corona, la niña mimada de una apuesta política que atravesó diferentes fases antes de cristalizar en un ambicioso proyecto desplegado por 12.166 metros cuadrados, procedentes de la suma de las dos últimas naves del viejo edificio de talleres y de un viejo frontón. Y como si de una avanzadilla de sus futuras funciones se tratase, sus peculiares condiciones han puesto a prueba la creatividad de los técnicos que están acometiendo su construcción.
Porque hacer de unas naves concebidas para talleres profesionales un centro de arte llamado a convocar a 180.000 personas al año es utilizar un envoltorio industrial para acoger unas actividades creadoras. No es rehabilitar, como en la totalidad del magno edificio de la Laboral. Es actuar, por primera vez, y hacer de un inmenso espacio vacío un lugar idóneo para el uso que tiene destinado.
De ahí que la primera impresión cuando te pierdes entre la inmensidad alta y larga del Centro de Arte y Creación Industrial es que tu voz reverbera y se pierde en una nada inmensa. Catorce decibelios tenían contabilizados los técnicos. Y no encontraban el revestimiento acústico necesario para contrarrestar el efecto. Buscaron la solución por todas partes y por todos los caminos hasta que superaron el abismo que separaba los 14 decibelios y del uno y medio que finalmente lograron. Por eso pasar de la nave que lo tiene instalado a la que carece de él es como jugar con tu propia voz, como si el sonido saltara travieso entre las paredes que se niegan a absorberlo y descansara a continuación para permitir desarrollar una conversación en niveles habituales de entendimiento.
El otro reto fue arquitectónico. El diseño del Centro de Arte y Creación Artística recogía una estructura con grandes vuelos, deformaciones muy grandes, revestimiento de fibra y un voladizo de entrada a la instalación de 13 metros. Tan largo como un camión, como un trailer. Y no funcionó, así que reforzaron la cubierta con fibra de carbono y aprovecharon para utilizar esa máxima que tanto funciona entre el gabinete técnico: aplicar tecnología del siglo XXI a un edificio de mitad del siglo XX.
Pero respetando todo lo que había. Como la escalera técnicamente fallida de Moya. La volada, la que cuentan que otro de los Moya, no Luis, calculó mal y a la hora de desencofrarla se les basculó hacia un lado. De ahí los tirantes que desde el techo la sujetan, pero que hacen que en el conjunto quede perfectamente imbricada. Es un ensamble de presente y de pasado, que se extiende por todas partes. Desde dentro y desde afuera.
La fachada del centro es de ston-ker, un material parecido al gres de cualquier cocina o baño familiar, pero porcelánico, muy perfeccionado. Es como una piedra artificial que no necesita mantenimiento, se autolimpia y se mantiene en perfecto estado indefinidamente. Incluso puedes pintar encima y quitarlo a continuación. Y posiblemente no tendría nada de extraordinario a la observación profana si al lado, justamente para enlazar el edificio moderno con el de Moya, no hubiera unos arcos de piedra de la calidad arquitectónica del resto del edificio de la Laboral.
¿La solución de continuidad? Efectiva, pero laboriosa. Como Patrimonio del Estado no permite imitar lo antiguo, los arcos y dovelas que se han añadido se han labrado a mano. Han adquirido la piedra caliza lisa y han labrado uno por uno de forma similar al dibujo primitivo de la construcción, para que se aprecie que no tiene más de medio siglo, pero que se asemeje lo más posible a lo ya existente. Es el lazo entre el pasado y el presente.
El futuro viene de la mano del propio Centro de Arte y Creación Industrial. Grandes espacios para grandes ideas. Un café laboratorio y un comedor de 45.000 metros cuadrados. El arte lo llenará todo.