La reforma de la plaza de El Humedal, en 1995, supuso uno de los cambios más visibles del Gijón de los años 90, no sólo por el profundo cambio de su diseño, sino porque suponía modificar de manera notable uno de los principales accesos a la ciudad. Los trabajos, que dieron comienzo el 14 de noviembre de 1994, supondrían la desaparición de uno de los símbolos más visibles de la época predemocrática, el monumento a los Mártires que presidió la entrada a la ciudad durante 22 años, y de un área de aparcamiento con capacidad para cerca de 400 vehículos.
En su lugar, el proyecto de remodelación diseñado por los arquitectos Vicente Díez Faixat, Fernando Martín Ibáñez, Justo López, Juan Llanos y Rufo Fernández contemplaba la construcción de un gran área peatonal, que convertía El Humedal en una zona de estancia con juegos infantiles, bancos y zonas de tránsito, y permitiría una mejor ordenación del tráfico en su entrada a Gijón.
Las obras contaron con un presupuesto de 229,8 millones de pesetas e incluían la instalación de varios elementos artísticos, entre los que destacaban una fuente ornamental y el 'Cubo' luminoso y las gradas del artista Alejandro Mieres.
Aunque en un principio los trabajos tenían una duración prevista de siete meses, cuando ya parecía inminente la inauguración de la nueva plaza el Ayuntamiento decidió realizar algunos cambios, que se centraron en la ampliación de las zonas verdes, apenas existentes en el proyecto original.
La inauguración definitiva tuvo lugar, al final, en setiembre de 1995, aunque el tráfico se reabrió casi cuatro meses antes, no exento de polémica por la nueva ordenación y la multiplicación de semáforos.