SE ha ido el último de los varones del apellido Bertrand -un apellido oriundo de Bélgica, según creo- que era también hombre de empresa. Fue director-gerente de la consignataria Carlos Bertrand, S. A. y de Cía. Naviera Astur-Anzaluz, S. A., amén de socio de Efectos Navales La Central. Hijo de Carlos Bertrand y de Blanca Bertrand, hermano del que fue alcalde de Gijón, Ignacio, del ingeniero de Minas Carlos y de los también fallecidos Leopoldo y Jaime Bertrand y Bertrand.
Su esposa, Elvira Ruiz de Velasco, le precedió en el fallecimiento y da la impresión de que no se adaptó a vivir sin ella, pues, poco después de su óbito, se produjo el suyo a primeros del pasado setiembre.
Un apellido el suyo muy vinculado a Gijón y al mar, pues, si en vida de su padre el principal negocio era el carbón, después fue la consignación de barcos y la naviera, con buques primero como el 'Benjamín' y el 'Benito', amén del 'Carlos Tartiere', arrendado en 'time charter', para después construir en un astillero gijonés las moto-naves 'Rey Pelayo', 'Rey Favila' y 'Rey Fruela', negocio que fue muy próspero entre los años 1950 y 1960, aprovechando la guerra de Corea, con los buques norteamericanos lejos del comercio europeo, por razones obvias, que luego, con la paz en Corea y la mejor flota estadounidense, acabaron por llevar a la miseria el cabotaje español.
Creo que, como todos los Bertrand, con el fallecimiento de Alfonso se cierra un ciclo en la vida empresarial asturiana y gijonesa, a la que sirvieron, con dedicación y singular empeño, tanto los Bertrand como los Ruiz de Velasco, los Adaro, los Nespral y otros muchos más, que figurarán siempre en lugar destacado en la Historia de Gijón, en su prosperidad y en su desarrollo económico.
Desde aquí, mi personal despedida a Alfonso Bertrand, a quien conocí y traté durante más de treinta años, con su gran afición a la pesca del salmón en los ríos astures.