SI lo miran bien, la zona de la que hoy más se habla en Gijón, es decir, la que supuestamente se urbanizará una vez eliminada la barrera ferroviaria, podría denominarse también así: la 'zona cero'. Y no es ya que tenga un aspecto similar a la conocida como tal (agujero y abultamiento incluido), sino que la misma genera más discusiones, si cabe, que la reconstrucción de las mismísimas Torres Gemelas. Es más, si me apuran, hasta me permito pronosticarles algo: veremos antes las torres neoyorquinas erguidas que cualquiera de los futuros edificios que nos traen a mal traer. Pues bien, digo todo esto porque el futuro de la 'zona cero' parece que se enreda y enreda hasta poner en duda cosas tales como cuál será su diseño, si el mismo se amoldará a lo que dictaminó el ganador del concurso, si los vecinos influirán en él o no, si el equipo de gobierno seguirá las voces de los socios que hablan de otro tipo de soterramiento cuando no de urbanización, si la torre de 22 pisos del futuro hotel encajará en la zona y cómo influirá en su entorno, si hay arquitectos que señalan que el error está en que la futura estación no esté soterrada como en un principio se pensó, si
Corría el año 99, cuando el anterior alcalde lanzó al aire una propuesta imprecisa y difusa de soterramiento de la barrera ferroviaria. Recuerden que en un principio se habló de una estación a la altura de Carlos Marx, con trenes lanzadera (monorraíles para ser exactos) que acercarían a los pasajeros hasta el Humedal, terminal, que, por cierto, se consideraba como central. En estas estábamos, discutiendo sobre si debía soterrarse a altura de Veriña o en Moreda, cuando llegó el proyecto del metrotrén a enredarlo todo. Hagan memoria y verán que, cuando el anterior ministro de Fomento puso encima de la mesa el proyecto, todo el asunto dio un giro radical, quedando de la siguiente manera: la futura estación del Humeldal tendría forma de 'sandwich' subterráneo con dos niveles. En estas estábamos de nuevo, cuando, ante el cambio en el Ministerio de Fomento, se llegó de forma taumatúrgica a la solución que ahora tenemos, o sea, estación en Moreda (adiós criterio de centralidad) y sin soterrar. Todas las polémicas anteriores quedaron completamente aniquiladas, puesto que lo que ahora se imponía era algo tan simple como: «quien paga, manda» y, claro, ante esa perspectiva, o sea, que el pone el dinero se arrepintiese de hacerlo, pues había que tragar con ello sin mayores dilaciones.
Quizás hartos ya un poco de tanto vaivén, la definitiva propuesta apenas sí levantó muchas rencillas. Ya casi nadie protestó porque el soterramiento fuera mucho más cercano a la ciudad, ni que se perdiese la oportunidad única de tener una estación en el centro aprovechando la del Humedal, ni siquiera que la misma tuviera forma de una simple tostada a la altura de todos; en definitiva, había casi una resignación popular con tal de ver algo (ora un tornillo levantado, ora un centímetro de vía menos). Pero hete aquí que lo de la altura de los futuros bloques ha resucitado viejas polémicas que ya, por agotamiento, parecían marchitas. Vamos a ver, ¿nos vamos a poner ahora a discutir si la estación tiene que estar soterrada o no después de no decir nada cuando la actual solución se propuso? ¿Vamos a volver a empezar a rediseñar la zona por la altura en sus edificios? ¿Es hora de replantarse cosas que dábamos ya por hechas después de siete años de enredos y ningún resultado práctico? Sinceramente, lo que algunos queremos ver son ya realidades y no sólo ideas. Tengan en cuenta que el túnel del metrotrén está ahí, acabado, para que, no sé, de momento, se cultiven hermosos champiñones en su interior. ¿Cuándo tenemos pensado utilizarlo? En fin, como ven, la 'zona cero', no para de generar polémicas, pero ningún avance significativo. ¿Hasta cuándo?