AL cumplir cincuenta años de vida la televisión en España es incuestionable que este medio audiovisual estrella de las innovaciones del siglo XX no sólo sigue siendo uno de los principales medios de entretenimiento y de información para los españoles, sino también una imprescindible fuente de conocimiento que ha ido generando modelos y estereotipos sociales, e incluso pautas de conducta. Pese a la competencia de internet y las nuevas tecnologías en el terreno de la comunicación, la televisión continúa teniendo una formidable presencia sociológica en España, que según los últimos sondeos sitúa en una media de 226 minutos el tiempo que consumimos frente al televisor, lo que constituye la tercera actividad a la que más tiempo dedicamos tras el trabajo y el sueño. Su propia relevancia socio política la ha convertido en objeto de deseo, lo que explica que en la historia reciente de la televisión en España se hayan producido importantes presiones e intentos de instrumentalización.
Por un lado, las televisiones públicas han sido frecuentemente manipuladas como instrumentos del poder político, mientras que las privadas también han estado sometidas a numerosas presiones y a frecuentes intentos de intervencionismo. Se trata, en todo caso, de una situación que todavía pervive, ya que ni la 'parlamentarización' del control de las televisiones públicas, ni tampoco las promesas de no interferencia en el sector privado de los medios de comunicación han terminado con la excesiva atención política sobre el ámbito informativo de las televisiones.
Por otra parte, la enorme audiencia televisiva y su fuerte impacto comercial también han propiciado una enorme competencia entre cadenas públicas y privadas, imponiéndose un modelo de contenidos no siempre vinculado con la promoción de valores saludables o con un objetivo dirigido a la elevación del nivel cultural. En ese contexto, ni los canales públicos han orientado plenamente su programación a un objetivo de servicio público, ni tampoco los privados han entendido del todo que como concesionarios en el uso de un bien público también tienen que cumplir con una función social. Con todo, el imponente crecimiento de la producción de contenidos televisivos ha generado una poderosa industria audiovisual en España cuya calidad y empuje nos sitúan entre las mejores de Europa.