Lunes, 23 de octubre de 2006
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OVIEDO

Oviedo
Carnaval acústico
Kiko Veneno salió a hombros del filarmónica tras dos horas y media de un concierto emocionante y divertido
Carnaval acústico
PRIMERA VEZ EN OVIEDO. El cantante, guitarra en mano. / M. R.
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José María López Sanfeliu nació en 1952 en Figueres, Gerona, y de joven marchó para California, Estados Unidos, donde aprendió a tocar la guitarra con un gitano de Morón de la Frontera, provincia de Sevilla, no muy lejos de Cádiz. Este mapa biográfico transmutó a López en Lobo, y desde entonces decidió tocar «coplillas» por los pueblos de España con todo lo aprendido aquí y allá: rumba, blues y Andalucía.

Con el sobrenombre elegido, Kiko Veneno, se plantó el sábado por la noche en el teatro Filarmónica, Oviedo, «ciudad donde nunca había estado ni tocando ni sin tocar». Dos horas y media después, las más de 400 personas que según taquilla le habían escuchado aplaudían en pie su entrega, veteranía y sencillez.

Porque Kiko Veneno es un artista humilde, un generador de la evolución del flamenco al que quizá no se le reconoce su talento como merece precisamente por la sencillez. La hoy denominada fusión la inventó él con los hermanos Amador en los setenta, pero en sus canciones resulta tan natural que todo suena a Kiko Veneno, a arte con alma de chirigota. Suena muy bien.

El sábado, dos guitarras, bajo y batería, cuatro sillas, cinco focos y varias décadas de tablaos sirvieron a una actuación de sonido impecable. El viejo lobo triunfó con su voz bien guardada, y con versiones largas y emocionantes, perfectas para seguir con los pies desde la butaca pero sin echar de menos saltar. Entre sus discretos músicos se lució Charlie Cepeda, joven y virtuoso guitarrista y productor de Las Niñas.

Aunque compacto, el concierto tuvo una primera tanda de interpretación más 'blusera' , un breve intermedio con canciones extensas e incluso difíciles ('Inspiración' y la adaptación del poema 'If', de Rudyard Kipling, que dijo cantar por primera vez), y una cola final rumbera que arrancó las palmas del público definitivamente. Entre unas y otras, el humor del artista. Al acabar 'Menfis Blues', explicó que la original de Bob Dylan, 'Stuck inside of mobile whith the Memphis blues again', «tiene 14 estrofas. Y os preguntaréis: '¿este hombre por qué canta sólo cinco?'. Pues ésa es la diferencia entre la industria musical norteamericana y la española».

Dedicó 'El hombre invisible', que da título a su último disco, «a Woody Allen y los Rolling Stones», y lamentó «las malas traducciones» que ha tenido la obra de Kipling en España, hasta tal punto malinterpretado «que acabó en la mesilla de Aznar».

Feliz desde que logró desembarazarse del contrato con la multinacional BMG (en www.kikoveneno.net puede leerse el manifiesto que escribió entonces, sin necesidad de afeitarse una barba extraña, como Prince), Kiko Veneno remató en los bises con 'Joselito' y 'Liberación', exigiendo coros a los de abajo y arriba del teatro, que de buen gusto se los dieron. Faltaría más, después de semejante carnaval. La piel del Tripulante, bar contratista del evento en colaboración con la Sociedad Ovetense de Festejos, debió de quedar bien satisfecho.

 
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