El Sporting se encontró con un rival que se amparó en su oficio, que supo cerrarse con cierta perfeccción, y con un árbitro desconcertado y desconcertante. Así se llevó una derrota que no responde al desarrollo del partido. Los rojiblancos no merecieron perder ante un Murcia que hizo muy poco por ganar, sin arriesgar nada, peor que acabaron logrando los tres puntos.
Desde el primer momento, los rojiblancos tuvieron que llevar la iniciativa, contra un rival que fijó como primera premisa cerrar las bandas a Gerardo y Diego Castro y cubrir a Congo y Barral, sin importar los métodos a utilizar. Ambos equipos mantenían un respeto mutuo, pero más los pimentoneros, equipo en el que la zaga no arriesgaba a dejar el más mínimo resquicio.
Los métodos antideportivos de algunos jugadores murcianistas no tuvieron la sanción del árbitro Gardeazábal Gómez. Congo recibió un codazo de Cuadrado, en un contraataque, en el que la premisa de Alcaraz era frenar al colombiano. El árbitro vasco y su auxiliar, bien situados, lo pasaron por alto.
El juego se desarrolló por el camino de las imprecisiones. En el centro del campo mandaban Míchel y Andreu, quienes participaban en la circulación de balón obligada por la estructura murcianista, con dos líneas de cuatro, muy juntas y sin espacios libres. El balón llegaba con frecuencia a Gerardo y Diego Castro, quienes tenían el apoyo insistente de los laterales Sastre y Juanmi, pero la sensación de peligro se producía cuando intervenía Congo.
El Murcia se adelantó en el marcador en golpe franco de Pedro León, tras una falta inexistente de Joni López a Iván Alonso. El uruguayo se limitó a buscar el contacto. El disparo del interior pimentonero fue un obús por la zona de Roberto, que se vio sorprendido por el disparo. En el tiempo de prolongación fue expulsado Jofre, quien ya había merecido la roja en una entrada por detrás a Sastre.
En el segundo tiempo, con un gol a favor y un futbolista menos, el Murcia se limitó a reforzar su sistema defensivo, con una clara renuncia al ataque. El Sporting tardó en meterse en el partido, con un dominio que iba a más, pero sin poder despojarse de los problemas que le provocaba una defensa demasiado pegajosa.
El encuentro entró en una fase áspera, en la que el juego se paraba con demasiada frecuencia, ante la pasividad del árbitro. El partido transcurría como le interesaba a Alcaraz, técnico murcianista que perdió los papeles en enfrentamientos con el público. Además, al Sporting se le notaban demasiado las prisas o las salidas de sitio, como los desplazamientos de Barral a la banda, donde no hace daño.
Preciado arriesgó al máximo. Primero dio entrada a Omar por Míchel, con una posición más adelantada para el avilesino. Luego retiró a Samuel para situar a Javi Fuego en la zona de creación y terminar con la entrada de De Lucas como lateral zurdo. Tal vez la modificación debió llegar antes para buscar la explosividad de Omar.
El Sporting pudo empatar, pero faltó puntería. Las ocasión más clara fue de Gerardo, en un pase de Omar, tras una jugada de Congo, que desbarató Notario, quien también se había lucido en un cabezazo de Samuel, que tenía sello de gol.
Con el Murcia encerrado en su parcela, el Sporting se veía incapaz de destruir el frontón creado por Alcaraz en un fútbol de monólogo repetitivo. Los visitantes no querían el control del balón y los rojiblancos iniciaban la jugada, para diluirse en las inmediaciones del área visitante, pese a los intentos de Congo, principal preocupación de los zagueros murcianistas.
Los visitantes tenían a Iván Alonso en la delantera, aislado y sin apoyos, dedicándose más a buscar la falta y para el juego para volver a buscar la colocación de su equipo. En la fase final hubo una doble caída de Javi Fuego y de Congo en el área pimentonera, que aumentó las protestas de los rojiblancos. Gardeazábal estaba perdido, en un ambiente cargado, incapaz de cortar las pérdidas de tiempo descaradas de los visitantes, que se limitaban a enfriar el partido.
El Sporting, con demasiadas dificultades, buscó la victoria y puso el único fútbol del partido. El Murcia vivió de las rentas del gol de Pedro León y le fue bien, aunque se retiró a los vestuarios con un único tiro a portería, sin haber hecho méritos para llevarse los tres puntos. De todas formas, los rojiblancos no fueron capaces de romper el dispositivo de un equipo que vino a El Molinón a empatar y se encontró con la victoria. El fútbol mostró su cara más injusta.