La comarca cumplió un año más con la secular tradición de reencontrarse con sus seres queridos ausentes. Los cementerios de Avilés y su entorno volvieron a ser el punto de encuentro de cientos de familias que se dieron cita en torno a los nichos, tumbas y panteones de sus muertos, convenientemente engalanados para la señalada fecha.
Lejos del ambiente festivo que este día tiene en otras latitudes, y ajenos a la importación del 'halloween' norteamericano, los camposantos de la comarca mostraban a mediodía de ayer un ambiente de recogimiento y respeto por los que ya no están reforzado por el 'orbayu' que no cesó en toda la mañana.
Esa llovizna fue la que propició que la ceremonia religiosa celebrada a partir de las doce y media en el cementerio de La Carriona fuera seguida por decenas de paraguas que daban cobijo a los cientos de católicos que se dieron cita en la explanada central del camposanto.
En el resto del recinto, a esa hora, numerosas familias permanecían junto a las lápidas de sus familiares y amigos con gesto serio y respetuoso. En algunos casos, los asistentes acudieron provistos incluso de taburetes para permitir una estancia más cómoda a los más mayores de la familia.
Mientras la megafonía instalada en el cementerio de La Carriona trasmitía el mensaje de esperanza tras la muerte que el párroco (parapetado bajo una pequeña carpa) hacía llegar a los fieles, el olor a cera quemada se mezclaba con el de los montones de flores naturales que cubrían la mayor parte de las lápidas.
El descuido de buena parte de los panteones de más solera del cementerio municipal contrastaba especialmente con el cuidado con que aparecían engalanadas la mayor parte de las lápidas del cementerio, entre ellas las del ilustre escritor local Armando Palacio Valdés.
Un ambiente similar se vivió también en el resto de cementerios de la comarca, desde el municipal de Nuña, el mayor de Corvera, o el de San Martín de Laspra, en Castrillón, hasta los más reducidos de pueblos y barrios como Trasona, Valliniello, Cancienes o Pillarno, por citar sólo algunos.
En algunos casos, como el de Nuña, el entorno del camposanto presentaba un aspecto especialmente concurrido, dado su carácter apartado de los núcleos de población más próximos.
Y es que el ambiente de recogimiento y respeto de los cementerios se transformaba en pura vitalidad en el exterior de los cementerios. Así, las calles, bares y cafés de La Carriona más próximos al cementerio eran ayer a mediodía un hervidero de gente en busca de cobijo y algo caliente que llevarse al estómago tras la poco apacible (por el mal tiempo) estancia en el camposanto.
En algunos casos, ese ambiente se repitió por la tarde en buena parte de los cementerios de la comarca, especialmente en las zonas rurales, donde el grueso de las ceremonias y actos religiosos comenzaron tras la sobremesa. Tal fue el caso de Trasona, donde tras el rezo del rosario en el cementerio se inició la misa, en la iglesia parroquial. También en San Martín de Laspra, cuyo cementerio es el que corresponde a Piedras Blancas, acogió la ceremonia religiosa en horario de tarde, al igual que Santiago del Monte, Pillarno, San Cristóbal, Santiago de Ambiedes, o Salinas.
Las ceremonias religiosas se repetirán hoy en todas las parroquias de la comarca, y es que, no en vano, es hoy precisamente el Día de Difuntos, la cita anual dedicada a todos los fallecidos, y no sólo a los santos.
De hecho, la confusión que en muchas ocasiones provoca la proximidad de ambas fechas es insistentemente aclarada por los sacerdotes en sus homilías. Por ahora, es el principal equívoco al que se han de enfrentar en una fecha en la que las calabazas y los disfraces de fantasma importados a través del cine de Hollywood han comenzado a tener un hueco en el ocio de los avilesinos. No en vano, en los últimos días se han sucedido fiestas de 'Halloween' para niños y mayores en toda la comarca, ya sea en la escuela infantil de cero a tres años de Corvera, en la biblioteca de La Luz, o en locales nocturnos que ven en las calabazas dentudas un reclamo comercial como otro cualquiera para llenar de público sus pistas de baile.