Escribo estas últimas letras de despedida, sumido en la profunda tristeza que me envarga por la pérdida de mi querida colega y amiga Amparo Nájera-Alesón.
Se nos ha ido, después de soportar una larga batalla con la enfermedad, en silencio, una de esas pocas personas que trasmiten alegría con su sola presencia, amable, cariñosa y, sobre todo, generosa.
Ayer me decía una amiga, compañera suya del Ayuntamiento, que nos ha dejado la arquitecta de los pobres y yo aún diría más, la arquitecta de las causas casi perdidas, la de los proyectos cercanos, de esa pequeña escala como son las viviendas unifamiliares, rurales y pequeñas intervenciones de rehabilitación, pero siempre bien resueltas, con el mismo oficio y decoro como si de grandes proyectos se tratara.
Amaba la arquitectura de verdad, la que nace desde el concepto del propio espacio, desde el profundo respeto por el medio natural y por la implantación adecuada por pequeña que fuera su intervención.
Por todo ello te doy gracias Amparo y levanto mi lápiz al cielo para poder dibujar contigo por última vez, la 'A' mayúscula de Arquitectura y sobre todo la de Amistad.
Todos los que hemos tenido la suerte de conocerte y poder compartir tu alegría y cariño te echaremos de menos. Siempre vivirás en nuestro recuerdo.
Descansa en paz.