En un mes las máquinas entrarán en la finca de la familia Suárez y derribarán la casa en la que han vivido cinco generaciones. María, de 9 años, será la última. No hay vuelta atrás. Pero su madre, Rosa, sabe que lo peor aún está por llegar: «El momento en el que cerremos la puerta y entreguemos las llaves será durísimo».
Las llaves de la finca y las de la casa que construyeron sus abuelos ya nos les pertenecen. La Sociedad Mixta de Gestión y Promoción del Suelo (Sogepsa) es la nueva propietaria. También de la de Rosa Cardín, viuda del constructor y compositor José Fernández Obaya, y la de la familia Barrial. Son los tres propietarios de las cinco viviendas afectadas por el Plan de Roces -que proyecta edificar 3.700 pisos- que aún residen en sus casas.
No será por mucho tiempo. La intención de Sogepsa es que las obras de urbanización del terreno, que ejecutará la UTE formada por OHL y Ceyd, comiencen antes de acabar el año y los afectados ya han empezado a hacer las maletas. Una mudanza «impuesta», que hace todavía más difícil empaquetar enseres y recuerdos.
Rosa Cardín no abandonará la parroquia en la que ha vivido los últimos 35 años. Reconoce que a estas alturas de la vida -en diciembre cumplirá 83 años- «no me hace ninguna gracia tener que cambiar de casa». Entre otras cosas, porque uno de sus tres hijos, vive a escasos metros y en su nueva vivienda, una casa de planta baja en El Recuestu que se está rehabilitando, «voy a estar más sola».
Sus hijos han insistido en que viva con ellos, pero Rosa defiende su independencia, «al menos, mientras haya salud». De todas formas, el traslado será más duro de lo que en principio pensó, «porque ya no me acompañará mi marido como habíamos planificado». Pepe Obaya falleció el pasado mes de junio, pero su casa aún está llena de recuerdos y de las decenas de trofeos que ganó en el campo de la colombofilia. Galardones que no se perderán, a pesar de que en la nueva casa no haya sitio. Cardín y sus hijos han decidido trasladar el hórreo de La Braña, a la nueva finca.
Hórreo desmontado
El hórreo de la familia Suárez ya ha sido trasladado a la parcela que en un mes ocuparán en la parroquia de San Martín de Huerces. En día y medio, la empresa Hoypagil, de Pinzales, la misma que les había construido el granero, se lo desmontó. Rosa Suárez aplaude la labor de los operarios, «unos artistas», pero al mirar el vacío que ha dejado en la parcela no puede evitar emocionarse.
Hace unos meses que las lágrimas inundan sus ojos, a veces también en público, aunque ello le disguste. «Todo el mundo nos pregunta cómo lo llevamos, qué tal va todo», relata. ¿Y cómo va? «De puertas afuera, mi padre y mi madre se hacen los fuertes, pero cuando se cierra la puerta están muy mal». No es fácil dejar la casa en la que se ha nacido, trabajado y vivido, pero aún lo es menos cuando «te obligan a irte», afirma.
Saben que no hay marcha atrás. De hecho, ese momento, en el que «supimos que esto iba en serio y que las movilizaciones ya no iban a pararlo» fue el día que «recibimos la hoja de aprecio en Semana Santa».
A partir de entonces, la familia se puso a buscar una nueva casa. Fueron meses de visitas a agencias y fincas. La Pedrera, Mareo, Vega «Imposible, los precios eran altísimos», puntualiza. Finalmente, dieron con una casa en San Martín de Huerces. «Nos vamos a ir bien lejos, en medio del monte, a ver si ahí no nos expropian», barrunta Suárez.
Catorce gatos
La opción de un piso, como el resto de las familias, no se la plantean. «Mis padres eran ganaderos, es una forma de vida, además tenemos animales». La lista la engrosan 14 gatos, dos perros, gallinas y corderos. Del ganado vacuno ya no queda ni rastro. Su padre su fue deshaciendo de las pocas vacas que aún tenían «cuando vio que esto iba para adelante».
Rosa intenta ser optimista y pensar que «se abre una nueva etapa». Pero, de momento, la tristeza puede con ella. Sobre todo, porque «esto no ha sido una expropiación, ha sido un expolio», critica.
En Roces se quedarán sus amigos, familiares y vecinos. Rosa Suárez asegura que «seré de Roces toda la vida», pero «pasarán muchos meses antes de que vuelva a pasar por aquí, porque no será fácil ver que tu casa ya no está».