Feligreses de la parroquia de San Miguel de Pumarín, así como buena parte de los catequistas y de los miembros del grupo scout, se concentrarán el próximo domingo en el exterior de la iglesia en protesta por «la presión que ejerce el ex fundador de la parroquia, quien, a pesar de estar jubilado, sigue moviendo los hilos sin dejar entrar nuevos proyectos ni comprometerse con la juventud». Así lo avanzó ayer a EL COMERCIO uno de los catequistas del centro.
El sacerdote al que se refiere, José García Loredo, tiene 84 años y fue el fundador de la parroquia. La jubilación le llegó hace ya varios años, cuando fue sustituido por el actual párroco, Eduardo Berbes. Sin embargo, García Loredo sigue residiendo en la parroquia y forma parte de la actividad diaria de la misma.
La concentración se llevará a cabo el mismo día que se despide de su cargo Hilario Valdés, quien hasta ahora ejercía como vicario de la parroquia de San Miguel y como consiliario del grupo scout. Según apuntan los feligreses, «deja su cargo voluntariamente pero porque no le queda otro remedio. Don José no le deja trabajar y le pone pegas a cualquier cosa que se hace; así es imposible comprometerse con los jóvenes, que es lo que más falta nos hace en la iglesia y su asignatura pendiente».
Hilario Valdés ha sido destinado por el Arzobispado de Oviedo a Collanzo (Aller). En la mañana del próximo domingo está previsto que se despida del grupo de catequesis y de los feligreses en la misa de las doce y media del mediodía. Valdés llegó a Gijón procedente de Salas hace poco más de un año. En ese periodo de tiempo se comprometió con el grupo scout de San Miguel de Pumarín y organizó todos los actos sacramentales que se celebraron tras el fatal accidente de autocar de la agrupación que tuvo lugar el pasado mes de abril a la vuelta de un campamento y se saldó con cuatro niños muertos y otros 29 heridos.
«Hilario ha hecho mucho por este grupo y ha servido de apoyo en este duro episodio. Por eso no nos parece justo que su vinculación con la parroquia se acabe porque el sacerdote mayor le hace la vida imposible», explica uno de los monitores de catequesis. El grupo, al menos, le ha preparado un homenaje. «Él no quiere que se le haga nada porque es muy discreto y tampoco quiere que se proteste por su situación, pero no nos podemos quedar de brazos cruzados después de todo lo que está ocurriendo. Sabemos que él ya no se va a quedar, pero no queremos que la persona que venga a sustituirlo pase por lo mismo», explica el catequista.
Prismas diferentes
Según este portavoz, don José representa una idea de la Iglesia «con la que los jóvenes es imposible que se identifiquen. Es un hombre que en mitad de un funeral se pone a hablar de la píldora del día después o del 'botellón', cuando esas cosas es evidente que no se pueden tratar así a la ligera».
El grupo de catequistas, «excepto una de las monitoras», tal y como explica el portavoz, ha convocado la concentración para el próximo domingo. «Tenemos previsto entregar papeles anunciando la manifestación durante los próximos días y queremos que participe cuanta más gente mejor para dejar claro que la mayor parte de la comunidad estamos en contra de la forma de actuar de don José. Pedimos, además, la intervención del Arzobispado para que lo solucione».