Lo que más echará de menos de su Roces natal será la unión y el apoyo entre los vecinos. Rosa Suárez recuerda la época, antes de que los tractores se hicieran los dueños del campo, en la que todos los vecinos iban a las fincas de unos y de otros a cortar la hierba y, tras la faena, se reunían en torno a una buena mesa. Un apoyo que volvió a repetirse e incluyó a todos los vecinos de la zona rural cuando se presentó el plan de vivienda.
Todos se conocían y todos se ayudaban. «Era un pueblín tranquilo, tan tradicional y tan cerca de Gijón...». Un encanto que se fue rompiendo con las sucesivas expropiaciones que sufrió la parroquia, porque Suárez insiste en que Roces ha padecido en los últimos diez años tres divisiones: «La de la ronda Sur, la de la autovía minera y, la última, la del plan de Sogepsa».