Jueves, 2 de noviembre de 2006
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GIJÓN

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Tiempo de confusión
El cálido otoño atrasa la venta de la ropa de temporada y los comerciantes temen que «las rebajas lleguen demasiado pronto» para recuperarse
Tiempo de confusión
HOMBRE. Salvador González, gerente de la boutique Ángel, opina que habría que acabar con el concepto de las rebajas. / PALOMA UCHA
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Los abrigos, bufandas, guantes, gabardinas y altas botas de los escaparates no parecen combinar con las temperaturas que han marcado últimamente los termómetros. «Con 20 grados, a nadie le apetece abrigarse», explican apesadumbrados los comerciantes del sector textil. Están acostumbrados a los vaivenes del clima del Cantábrico y saben que «si el invierno comienza tarde. lo más probable es que también acabe tarde». Pero a casi todos les ronda la misma idea: ya estamos en noviembre y en apenas dos meses algunas tiendas colgarán los primeros carteles anunciando rebajas. «Si llegan demasiado pronto no dará tiempo a que nos recuperemos».

Algunos plantean la posibilidad de retrasar la gran bajada de precios. Otros proponen medidas más radicales: «No hay que poner las rebajas más tarde, habría que extinguirlas», asegura Salvador González, gerente de la Boutique Ángel. Coherente, en la tienda «no tenemos rebajas sino descuentos. La gente espera que por rebajas todo sea barato y no es así. Si un producto es caro, aunque le apliques descuento, seguirá siendo caro».

«Quieren imposibles»

En su opinión, la medida que el consumidor considera un alivio económico «es completamente perjudicial para el comercio, ya que la gente quiere precios imposibles». Sin embargo, en su negocio cuenta «con esa otra clientela. La que siempre compra ropa por las mismas fechas y no atiende tanto a las necesidades de cada momento».

Y no son los únicos. La mayoría de los profesionales reconocen que los productos de temporada que se venden con este calor lo hacen «gracias a la moda. A la gente que se puede permitir el capricho de comprar algo aunque no sea necesario si lo ve expuesto y a las personas de costumbres que compran siempre tres o cuando veces al año».

Mucho menos radical se muestra Mila Pérez, dependienta de la tienda juvenil Imán. «Cuando llegan los descuentos, la gente se anima mucho más a comprar. Creo que si las atrasáramos, perderíamos más. Son una forma de motivar a la gente y haciendo descuentos, no grandísimas rebajas, los comercios ganan». Sin embargo, cada día que pasa los comerciantes pierden posibilidades de vender sus productos a «precios justos».

Malas costumbres

Pese a todo algunos son optimistas. «Llegará el momento en que la gente se obligue a comprar ropa de abrigo por la fecha», opina Isabel Benito, dependienta de Masus, quien cree que la dinámica de «adelantar las temporadas cada vez más debe terminar. Antes, hasta después de Semana Santa no se veía ropa de verano. Ahora comienza a verse en febrero. Muchas prendas de invierno ya están en los escaparates a finales de agosto». Otros entonan el mea culpa: «Podríamos hacer coincidir las temporadas reales con las comerciales», se atreven a proponer.

En las tiendas de niños también lo notan. Pili Artos es una de las socias de Koala: «Gracias a Dios, la gente ya se está mentalizando de que no hay que llevar a los niños abrigados como pollos. Que si uno tiene calor, el pequeño también». Aunque esta concienciación de la sociedad ha sido de lo más inoportuna. En su caso, además, hay otro inconveniente: «Los padres no pueden arriesgarse a comprar un abrigo a su hijo y meterlo en el armario si hace bueno, porque lo más probable es que en dos meses no le sirva. Sin embargo, dice, «llegará el momento en que empiece a hacer frío, de un día para otro, y vendrán todos en tropel».

Las zapaterías no se han librado. En Calzados Boston y Vidal tampoco ven las rebajas con buenos ojos: «En muchos casos, con ellas machacamos al comercio y malacostumbramos a los clientes. Les estamos habituando mal en sus hábitos. Los descuentos son excesivos. Y, aunque la Unión de Comerciantes está actuando, podría hacer mucho más», concluye su propietario, Miguel Ángel Vidal.

 
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