EL esperado debut del flamante ministro israelí para 'Amenazas Estratégicas', Avigdor Lieberman, no ha defraudado: según el acreditado diario 'Haaretz' de ayer dijo al Gobierno que el ejército israelí debe aplicar en Gaza los mismos métodos que el ruso en Chechenia.
El señor Lieberman es ruso (más exactamente moldavo y rusófono) y debe saber de lo que habla. Dirigente del partido ultra y anti-árabe 'Ysrael Beiteiunu' se le ha dado, contra su entrada en la coalición de gobierno con sus inapreciables once diputados, rango de viceprimer ministro y es miembro nato del restringido 'gabinete de seguridad', el círculo que toma las grandes decisiones político-estratégicas.
Una de ellas es ahora qué hacer para acabar con Hamás, cuya administración se mantiene milagrosamente en pie, resiste con éxito la política de asfixia financiera y boicot diplomático y, lo que es más, parece estar reforzándose militarmente, como si quisiera ser el Hezbolá palestino, de creer al general Gallant, jefe del mando sur israelí.
El ejército no ha parado su presión sobre la franja y desde la captura del cabo Shalit el 25 de junio ha matado a algo más de trescientos palestinos (seis ayer) de los que un buen cuarenta por ciento son civiles y de ellos, muchos menores de edad y unas cuentas mujeres de su casa. Pero el Gobierno ha rehusado hasta ahora emprender la gran ofensiva que exige el ejército, deseoso de rehabilitarse tras el fiasco libanés.
Ha trascendido que el ministro de Defensa no aprueba tal cosa, aunque ha ordenado a los militares que se preparen por si tal decisión es finalmente tomada, lo que podría suceder tras la visita del primer ministro Olmert a Washington a partir del doce de noviembre. Una especie de luz verde o coordinación con Washington es de rigor en ocasiones como la presente.
Podría demorarla un desenlace positivo en lo tocante a los militares israelíes en manos de la resistencia (uno de Hamás y dos del Hezbolá libanés). Sobre los últimos, dijo ayer el jefe del partido, jeque Hassan Nasrallah, que hay negociaciones bien encarriladas por el mediador de la ONU (cuya identidad es secreta, aunque trascendió que es un funcionario del servicio secreto alemán con experiencia en la zona). Y sobre el segundo parecía muy cercana su liberación hace un par de días.
Una ofensiva en toda regla no ayudaría, pero amenazar con lanzarla sí.