Allá por los años 60, estando recién casados, a mi marido le destinaron a montar la parte eléctrica de un pantano en construcción, que se encontraba en un pueblo de gran belleza, llamado Mansilla de la Sierra, en Logroño. A los antiguos habitantes de Mansilla les hicieron un pueblo nuevo y, cuando se empezó a construir el embalse, aún se veía la veleta de la torre del campanario de la iglesia emergiendo del fondo de las aguas.
Era un pantano de gran belleza. Cuando se abrían las compuertas, rebasaba el agua formando una catarata impresionante, donde saltaban enormes y riquísimas truchas. Allí pasábamos los dos contemplando la magnificencia del lugar.
Más tarde, España se fue llenando de pantanos y, así sucesivamente, se iban surtiendo los pueblos de los alrededores de luz y de agua, elementos imprescindibles para el desarrollo de la vida ciudadana en común.
Algunos recordarán que a Franco se le llamara 'El Panta', debido a la cantidad de pantanos que inauguró durante la década del 50 al 60.
Pues bien, esto viene a cuento porque actualmente se están eliminando los símbolos franquistas. Según eso, también habría que eliminar los pantanos, puesto que se construyeron durante el mandato del general Franco. Ahora, el furor iconoclasta o los llamados símbolos franquistas pretenden quitar el yugo y las flechas que están a la entrada de la Universidad Laboral, detalle insignificante en el que apenas reparamos. Creo que sería sumamente perjudicial, puesto que se pueden deteriorar parte de los elementos decorativos que ya forman parte de nuestra historia.
Cuando el entonces ministro de Trabajo, José A. Girón, mandó construir la Universidad Laboral, deseaba que los hijos de los trabajadores accedieran al mundo de las ciencias y de las letras, y al de las artes y al de las técnicas, y así, arrancarles de la ignorancia y de la falta de oportunidades. Y así fue durante medio siglo, una obra arquitectónica, que fue el orgullo del pueblo español y asturiano.
Es una pena que uno de nuestros principales políticos se empeñe en estropear la fachada tan bella y arrancar así una parte de la Historia.
Lo que se ve venir es que donde hubo un orden durante más de 50 años se va a convertir en un pozo sin fondo y de dudosas soluciones para la gran mayoría de los ciudadanos y estudiantes. Será el principio del fin.
Personalmente, soy partidaria de que se mantengan los símbolos franquistas, ya que, si adoptamos la misma postura en todo, nos quedaríamos hasta sin nuestra querida Santina de Covadonga.