SI para 'fare l'amore' hay que ir al Sur, como aconsejaba una cantante italiana de cuyo nombre no me acuerdo, para laborar hay que ir al Oeste, que es hacia donde se dirigen las caravanas en la películas, y donde crecieron en mi ciudad los barrios de la dura lucha por el pan escaso.
Sino en todas las ciudades, por lo menos eso ocurre en Gijón y en Nueva York; perdón por las semejanzas. En Gijón existe un amplio barrio Oeste, desde El Natahoyo hasta Serín, en otro tiempo poblado de chimeneas y hoy más bien repleto de jubilados, que deambulan de un lado para otro contemplando las pocas industrias que quedan. Y además varias de ellas con la crisis a cuestas. También el West Side, barrio Oeste de Nueva York, lo pueblan gentes humildes, cuyos conflictos han dado lugar a numerosas películas, desde las más negras historias del hampa, hasta el emblemático canto de amor imposible, por la rivalidad de bandas, en 'West Side Story'. El Oeste es el lado propicio para la pasión. Los que están asentados al Este, nos desplazan hasta ese 'far west'. Cada vez más hacia el Oeste, donde los antiguos suponían que se acababa el mundo.
El barrio Oeste de Gijón también pudo haber tenido su película, si dieran facilidades para rodar 'Los lunes al sol', pues de aquí salió la inspiración para filmar aquellos combates navales del pasado, y que de vez en cuando rebrotan como los volcanes dormidos. Allá donde las industrias se apagan, han crecido como señales de advertencia una comisaría y un juzgado, todo ello hacia el Oeste, ya que la inclinación, no sé si instintiva o estudiada, hace que hacia aquí derive lo que reprime y juzga. Forman un ángulo recto, comisaría y juzgados, cuyo vértice se sitúa en unos astilleros.
Los que creemos poco en las casualidades, nos da por pensar que todo es un arreglo del consciente o del inconsciente para que estas cosas ocurran en el barrio Oeste. Unas veces te encuentras, al salir o regresar de casa, con manifestaciones de un lado y pelotazos del otro. Y ahora, recientemente, con coches alborotados de luces, que traen a declarar a presuntos delincuentes, o gentes que pasaban por allí, a los juzgados de mi atribulada calle. En ese lanzamiento mutuo de mierda, entre supuestos traficantes, supuestos chivatos y policías entrecomillados, forman una hilera de presuntos, agrupados con el desafortunado nombre de 'trama asturiana'. A veces, un nombre, como este de 'trama asturiana', puede causar más estragos que una bomba. Que el nombre de Asturias aparezca con frecuencia acompañado del de presuntos o confesos, hace tanto daño como si para ensalzar nuestras virtudes al forastero le enseñaran los basureros de Cogersa.
Algo malo debe de estar ocurriendo cuando sobresalimos en lo más negativo. Pero nada es tan desolador como que el nombre de Asturias ('trama asturiana') se asocie a términos despreciables, como fundamentalismo y terrorismo.