El edificio está en mal estado. Hace diez días se desprendieron varias tejas y parte del techo, pero José Luis Caravia no está de acuerdo con la declaración de ruina económica que le obliga a cerrar su cerrajería, en el bajo de la Casona de Regla. Recurrió en reposición la resolución, pero sin éxito, y llevó entonces el acuerdo al Contencioso. Contra su recurso se personará el Ayuntamiento. La Junta de Gobierno Local lo aprobará hoy, para defender la legalidad y corrección de la declaración de ruina.
El pasado mes de febrero, los últimos inquilinos de las viviendas del edificio salieron de él, tras llegar a un acuerdo con la propiedad, Promociones Latores 2000, que pretende construir 18 viviendas y un local hostelero en el edificio, de 1782 y casa natal de Eduardo Martínez Torner. Tras la salida de los últimos vecinos, Caravia siguió con su negocio sin novedad, hasta que la Concejalía de Urbanismo urgió, en julio, «el cese inmediato de actividad del taller».
El cerrajero alegó que, en el informe de ruina presentado en marzo, se destacaba que en la cerrajería no hay daños que afecten a elementos portantes ni estructurales, por lo que no era justificable el cese de actividad. No tuvo éxito.
El escrito del recurso acusó a Latores 2000 de burlarse «de los mandamientos de conservación que hizo el Ayuntamiento» y de deteriorar el inmueble, al romper tuberías de agua en uno de los pisos altos, causando inundaciones en el taller.
El edificio está declarado Bien de Interés Cultural y su reforma requiere del visto bueno de la Consejería de Cultura.